«La estantería del fondo de la cueva de los sueños» por Oscar De La Cruz
La majestuosa carrera de Steven Spielberg generalmente se ha desarrollado alternando proyectos en torno a sus tres géneros predilectos. Trás una última época más centrada en la recreación histórica y a las puertas de regresar por la puerta grande a la ciencia ficción con «Ready Player One», el realizador norteamericano se introduce de nuevo en la fantasía para todos los públicos.
«Mi Amigo el Gigante» entra de lleno en el grupo de películas menores de su filmografía, principalmente por el lastre que supone la obra que adapta. Personalmente, nunca he conseguido conectar con el trabajo de Roald Dahl. Ni «Charlie y la Fábrica de Chocolate», «Matilda» o «James y el Melocotón Gigante» han logrado convertirse en piezas memorables, ni siquiera en mi infancia, seguramente por su excesiva sencillez e infantilismo en el peor de los sentidos. Por ello deja un inevitable poso de decepción que ni el trabajo de Spielberg ni el guión de Melissa Mathison consigan sobreponerse a ello (seguramente por respeto al autor) y acaben manufacturando una película únicamente disfrutable por un público infantil poco exigente. Estos defectos se manifiestan de manera más acusada si cabe en unos tiempos en los que Disney o Pixar rozan la perfección en la búsqueda de la fórmula «Para todos los públicos» película trás película.
El reencuentro de Spielberg con la guionista de «E.T» sumado a la premisa del cuento de Dahl parecía una garantía suficiente de éxito, pero trás un comienzo fulgurante, la película naufraga en una parte central donde debe jugar sus grandes bazas (la forja de la amistad entre sus solitarios protagonistas) que se acaba haciendo larga, aburrida y bastante escasa de emoción. En el plano de la pura diversión y el espectáculo también queda bastante coja, marcada por un sentido del humor excesivamente infantil y simplón. Chistes reiterativos basados en la diferencia de tamaño y el disléxico vocabulario del gigante protagonista que acaba resultando insufrible, coronados por una escena cómica que rompe bastante con el tono y el desarrollo del film hasta el momento y que no deja de ser un chiste de pedos excesivamente alargado.
La mencionada escena es la antesala de un clímax final de acción que sabe a poco y que solo deja un par de magníficos planos marca de la casa que llevarse a la boca, despachando por la vía rápida a un grupo de gigantes tan numeroso y variopinto como desaprovechado. La decisión de personalizar el conflicto entre el gigante bonachón y el líder de los antropófagos hace que el tremendo potencial cómico de las personalidades de los ocho restantes se muestre con cuentagotas. Por contra, el nivel de perfección técnica en la expresividad de ambas criaturas es enorme, especialmente a la hora de traducir en pixels las facciones y la interpretación de Mark Rylance. El nuevo «muso» de Spielberg y su recreación junto al talento de Weta del gigante bonachón son, sin duda, lo mejor de la película.
Estableciendo un paralelismo entre el oficio del protagonista y el del propio director, parece que en esta ocasión Spielberg ha elegido uno de los frascos de la estantería del fondo de su cueva de los sueños. Quizá dentro de él hay ideas suficientes para hacer soñar a los más peques de la casa, pero desgraciadamente le falta ese ingrediente para que los adultos nos emocionemos como un niño.
«Mi Amigo el Gigante» se estrena en España el 8 de Julio.




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