Crítica: “La Bella y la Bestia”


“La joya de la corona”

Las nuevas tecnologías y la constante evolución de los efectos digitales se han convertido en una excelente y oportunísima excusa para que Disney encuentre un nuevo filón explotando su gran patrimonio de imperecederos clásicos de animación “convencional”. Algo que justificaba por completo la existencia de la nueva versión de “El Libro de la Selva” y su espectacular resultado con merecidísimo Oscar incluido o la futura “El Rey León” (también en manos de Jon Favreau) no es el objetivo principal en el caso que nos ocupa, pero seguramente la tentación era demasiado grande como para dejarla pasar.

Por supuesto que hay CGI en “La Bella y la Bestia”, muchísimo. Es la propia naturaleza del film original y la intención a la hora de afrontar esta nueva versión, mucho más cercana al respetuoso homenaje que a la reinvención, la que impulsa a que la película destaque mucho más por sus elementos físicos como el vestuario o los decorados, envolviéndola de una atmósfera de musical clásico en toda la extensión de la palabra.

Todos los clásicos Disney tienen un marcadísimo peso iconográfico en el imaginario popular y en la propia historia del cine, pero dentro de ellos hay casos más acusados que otros. “La Bella y la Bestia” es uno de ellos porque sin duda marca un antes y un después en la historia del estudio por diversas razones de peso. El film del año 91 se alza con el Globo de Oro a la mejor comedia o musical y consigue el hito de ser la primera producción animada de la compañía en conseguir la nominación al Oscar a la mejor película (algo que tardaría en repetirse 18 años con “Up”), confirmándose de esta manera ante crítica y público como la primera obra maestra de la que acabaría siendo la segunda época dorada del estudio. Una de las joyas de la corona tenía que estar presente en esta nueva tanda de reversiones casi por obligación.

Fuera de aspectos meramente técnicos, la tarea más titánica es aportar algo de novedad a algo que prácticamente no se puede tocar. ¿Como reversionas algo que es prácticamente perfecto sin que el resultado sea una copia exacta? Sin duda por medio de la sutileza y moviéndose siempre dentro del estrecho margen que permite el cariño y un respeto casi reverencial por la obra original, objetivo que consigue sin ningún problema.

La novedad más importante y que afecta directamente al mensaje principal de la historia consiste en remarcar levemente algo a lo que ya apuntaba el film de animación. Más que “La belleza está en el interior”, “La belleza está en el intelecto”, un elemento que ya destacaba entonces en el personaje de Bella y su condición de mujer cultivada y adelantada a su tiempo que aquí se subraya de manera algo más clara con los libros y la cultura como punto de encuentro entre los protagonistas y como detonante del romance. Disney se ha tomado especialmente en serio a lo largo de los últimos años el erradicar la imagen de princesa Disney pasiva e indefensa y el hecho de contar con una protagonista que ya en su día marcaba el nuevo camino a seguir está convenientemente aprovechado para remarcar, más si cabe, un mensaje feminista muy acorde con los tiempos que corren.

El resto de aportaciones nuevas se reducen a la inclusión de dos nuevos personajes animados, el guardarropa y el clavicordio interpretados por Audra McDonald y Stanley Tucci, como complemento a los objetos animados que pueblan el castillo y tres nuevas canciones compuestas por el maestro Alan Menken con letras de Tim Rice. “Evermore” es un número completamente nuevo que ayuda a profundizar en el dolor de la Bestia trás dejar marchar a su amor mientras que “Days in the Sunshine” otorga más presencia a los miembros de la corte convertidos en mobiliario mostrando su nostalgia de tiempos pasados. “How Does a Moment Last Forever” y su melodía actúan como nuevo tema central de la película sonando varias veces a lo largo del metraje. Por supuesto todos y cada uno de los archiconocidos números y temas musicales del film original están presentes, esta vez con el añadido de las letras que se eliminaron en la versión animada. Esto sirve sobre todo como homenaje al  letrista Howard Ashman, fallecido poco tiempo después de terminar su trabajo y que ni siquiera pudo ver estrenada la película de 1991.

Sentadas las bases, el majestuoso vestuario y los exhuberantes y recargados decorados de estilo rococó son los elementos principales que envuelven al que posiblemente sea el mejor reparto que Disney jamás haya conseguido reunir. Emma Watson es la encarnación ideal de Bella, perfecta mezcla entre encanto, inteligencia y determinación, y reina sobre la película de principio a fin encabezando un reparto en el que destacan especialmente un afrancesado y divertidísimo Ewan McGregor como el candelabro Lumière, Emma Thompson recogiendo el testigo de la gran Angela Lansbury como Mrs. Potts, entrañable figura materna del príncipe encantado y un Luke Evans sencillamente perfecto como Gastón, uno de los villanos Disney más divertidos y recordados de la historia. Junto a la interpretación gestual de Dan Stevens como la Bestia, la química de Josh Gad como pareja cómica de Evans y la siempre imponente presencia de Kevin Kline e Ian McKellen (que incluso se permite algún pinito cantarín debutando en el género a los 76 años), el impresionante talento del elenco eleva “La Bella y la Bestia” en su nueva versión directamente a los altares de los más grandes musicales de Hollywood.

“La Bella y la Bestia” se estrena en España el 17 de Marzo.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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2 comentarios sobre “Crítica: “La Bella y la Bestia”

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