Crítica: “Todo el Dinero del Mundo”


El thriller os sienta tan bien.

Es probable que el punto álgido de sus carreras o la cumbre de su inspiración como creadores formen parte del pasado, pero sin duda debemos celebrar el hecho de que cineastas como Steven Spielberg, Robert Zemeckis, Ron Howard o el propio Ridley Scott no hayan perdido su pasión por el oficio y continúen manteniendo una constante disciplina de trabajo que nos permite disfrutar de su buen hacer con bastante regularidad.

Estos grandes nombres y sus longevas y fructíferas carreras componen, al fin y al cabo, la columna vertebral en la que se sustenta la industria en Hollywood. Grandísimos y visionarios cineastas cuyo oficio ha ido superando incluso el propio talento para convertirse en enormes artesanos que garantizan unos mínimos de calidad a la hora de relatar historias siempre por encima de la media, incluso en sus obras consideradas “menores”. Es cierto que en unos tiempos de escasez de ideas realmente originales, el nivel de sus películas depende muchísimo del material (obras literarias, principalmente) que caiga en sus manos, pero sigue dando gusto entrar en una sala de cine a disfrutar de la obra de alguien que automáticamente te garantiza la amortización del precio de la entrada.

Especialmente reseñable es el caso de Ridley Scott, que a sus 81 años mantiene un ritmo de trabajo de una o incluso dos películas por año, que no le hace ascos a ningún tipo de género y cuyas virtudes se agigantan de manera paradójica cuando el proyecto aparenta ser más “pequeño”. Su impronta visual y su demostrada capacidad para manejar megaproducciones de la talla de “Exodus”, “The Martian” o la saga “Alien” siempre están ahí, pero es a través de proyectos menos ambiciosos y últimamente dentro del género del thriller donde Scott nos ha dejado sus últimas joyas.

Al igual que la fascinante e injustamente infravalorada “El Consejero”, en “Todo el Dinero del Mundo” Scott ofrece una verdadera lección de oficio a la hora de dotar de ritmo narrativo y estilazo visual a un relato que se desarrolla casi únicamente a base de diálogos en interiores y, lo que és más difícil, consigue mantener al espectador en tensión a través de una historia basada en hechos reales que casi todo el mundo sabe como termina.

Con una trama tan lineal y un mensaje de fondo tan simple, claro y directo, Scott consigue realizar un ejercicio estilistico realmente atractivo e interesante. Apoyado en la fría y sombría fotografía de Dariusz Wolski, que muestra una Italia de los años 70 tan evocadora y bella como peligrosa y hostil, en un estilo similar a la ambientación de “Hannibal”, el realizador establece un escenario ideal para dar rienda suelta a sus actores, permitiéndose un par de espectaculares planazos marca de la casa (el superpetrolero y la villa de Getty) e incluso unos breves y agradecidos arrebatos de pura acción.

De las tres patas de las que componen el trípode actoral en el que se sostiene el film, la menos consistente es el personaje algo anodino de Mark Wahlberg, destinado a ser el vínculo con el espectador, situado de manera equidistante en el centro justo de la linea entre la pura humanidad representada por Michelle Williams y la absoluta deshumanización monetaria y empresarial encarnada por Christopher Plummer. Sea o no culpa de la elección de Wahlberg o de su cuestionable carisma, la realidad es que es totalmente devorado en cada escena por la arrolladora presencia de ambos partenaires.

Seguramente no podremos apreciar nunca el trabajo de un irreconocible Kevin Spacey bajo capas y capas de maquillaje en busca de una aproximación lo más cercana y realista posible al J. Paul Getty auténtico, pero el trabajo de Christopher Plummer como sustituto es absolutamente irreprochable y acaba por convertirse sin gran esfuerzo en la mayor atracción de la película. El veterano actor aprovecha el caramelo y desprende con su sola presencia esa mezcla perfecta de faraónica fascinación y repulsión a través de un personaje realmente gigantesco.

Quizá el momento ya pasó y no nos vuelva a regalar una obra maestra de la grandeza de “Alien” o “Blade Runner”, pero ojalá que a Ridley Scott le duren muchos años la salud y las ganas de trabajar. Y si es posible, que no se aleje mucho del thriller y siga dándonos muestras del género de este calibre, siempre muy por encima de la media.

“Todo el Dinero del Mundo” se estrena en España el 23 de Febrero.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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2 comentarios sobre “Crítica: “Todo el Dinero del Mundo”

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