Crítica: “Venom”


Parásitos

Uno de los personajes secundarios más queridos de Marvel llega a las pantallas coincidiendo con el 30º aniversario de su primera aparición en los cómics. En la saga “Secret Wars”, un simbionte alienígena se unía al cuerpo de Spider-Man dando forma al célebre traje negro que amplificaba, tanto los poderes del trepamuros como su ira y sus más bajos instintos. Trás desembarazarse de él, el organismo parasitario encontraba un nuevo huesped en el cuerpo y la mente de Eddie Brock, creando una versión deshinibida y monstruosa del hombre araña.

De esta manera se produce el nacimiento de Venom como Némesis perfecta de Spider-Man, gracias a una interesantísima y muy literal reinterpretación del héroe y su lado oscuro, basada en un doble juego de espejos entre los valores y la responsabilidad respecto a sus extraordinarios poderes de Peter Parker y la ausencia total de ellos personificada en Eddie Brock, su antítesis en el mundo real. Esto, unido a la perfecta representación gráfica que supuso el diseño final del dibujante Todd McFarlane, convirtió de manera instantanea al supervillano en un nuevo icono para Marvel.

Trás ser incluido en una versión muy descafeinada por la productora en el cierre de la trilogía de Sam Raimi (por petición popular y en contra de los deseos del propio director), los fans del personaje sabían que el regreso de Venom a la pantalla era solo cuestión de tiempo, al igual que la propia Sony no podía desaprovechar su propiedad de los derechos sobre un personaje con tantísimos seguidores. La primera aventura en solitario del simbionte es ya una realidad.

“Venom” parte con el objetivo principal de darle a los fans la película que el personaje merece y un buen número de dificultades para conseguirlo. El primero y principal, la completa desvinculación (al menos por el momento) de Spider-Man.

Seguramente Marvel Studios ha considerado que Venom, al menos en su versión canónica, es un personaje demasiado extremo y muy poco “Disney”, por lo que tiene su lógica que el acuerdo con Sony para integrar los films de Spider-Man dentro de su universo prescinda del simbionte. Esto cercena por completo la posibilidad de mostrar en el film el auténtico origen del personaje, algo que en la película se resuelve avanzando en el tiempo por su recorrido en el cómic y usando como punto de partida el posterior viaje de autoexilio de Brock desde Nueva York a la ciudad de San Francisco. Una elección creativa coherente y acertada dentro de la obligación y una buena manera de obviar por completo cualquier tipo de relación con el héroe arácnido y comenzar desde cero.

En esta situación los responsables del film parten con las posibilidades de un lienzo en blanco pero también con la presión de la representación completamente definida del personaje en el imaginario del fan. El gran problema de origen del proyecto que podría haberse convertido en un persistente lastre se solventa razonablemente bien, tirando por la calle del medio con más aciertos que errores, en buena parte por el total y absoluto compromiso de Tom Hardy con la película y el personaje.

Hardy compone un Eddie Brock más que correcto y absolutamente reconocible. Chulesco, inconsciente, pasional, prepotente, impulsivo, ególatra y con un punto muy macarra, con el añadido de un poso de integridad subterránea representada en el desempeño de su trabajo como periodista, por otra parte imprescindible para generar un mínimo de empatía con el espectador. En su origen, Brock funciona como antítesis perfecta de Peter Parker precisamente porque es una mala persona, pero ese fondo de integridad se convierte en algo tan necesario en la película como también se usó en los cómics en la época en la que el personaje evolucionó de villano a anti-héroe, por lo que el principal cambio en la personalidad de Brock se acepta con facilidad con mente abierta ante esta nueva reinvención. Otro gran acierto que apoya el mencionado juego de espejos es la actitud parasitaria de Brock respecto a las personas que le rodean en su día a día, algo que la película se encarga de enfatizar de manera notoria.

De esta manera, todos los problemas de la película aparecen por los motivos de siempre en este tipo de proyectos, que se acometen con una calculadora y la mente fríamente enfocada en la edificación de una franquicia en lugar de centrarse en contar una buena historia y establecer un vínculo emocional realmente sólido con el espectador. Allí donde “Deadpool” o Marvel con su Universo Cinematográfico dan en la diana por ir con las ideas claras, las franquicias de DC, o en este caso “Venom”, intentan moverse en un término medio, interpretando que así llegarán a un espectro de público más amplio cuando lo que realmente consiguen es quedarse entre dos aguas y ser algo tremendamente frío, aséptico e indeterminado.

Y eso que, como digo, hay ideas estupendas a lo largo del metraje. Me encanta que los simbiontes solo se encuentren a gusto unidos a un organismo compatible, tanto física como psicológicamente. La idea de que el parásito deshiniba e intensifique los bajos instinto del huesped y la lucha interna entre esa dualidad se manifieste en las voces en la cabeza y la doble personalidad está representada de manera absolutamente brillante y, aunque todo este trabajo de desarrollo se tambalea en el momento en el que el simbionte pasa a revelarse como una entidad independiente en sí misma con su nombre, personalidad y anhelos, lo compro porque al menos establece un objetivo para hacer avanzar la trama hacia su conclusión y regala la mejor frase de la película cuando el organismo extraterrestre expresa en palabras su principal motivación.

En ese preciso momento la película te anuncia a voces: “Esto es Rock n’roll”, lo mismo que la actitud de Hardy intenta gritar de manera desesperada en cada minuto en pantalla y probablemente de ahí provengan las polémicas declaraciones del actor diciendo que sus escenas favoritas del film son las que no se han incluido en el corte final. Ese rock n’roll se atisba solo en pequeñas píldoras, que a la postre es lo único que salva a la película de no ser aburrida porque todo acaba integrado en una película de superhéroes tremendamente convencional, hecha con una plantilla de lo más básico, lineal y completamente previsible, que ni siquiera sorprende en esa escena inter-créditos que cualquier conocedor del entorno del personaje se huele a kilométros. La escena post-créditos sí que es una auténtica pasada, aunque por motivos completamente ajenos como podréis comprobar.

A pesar de contar con referencias tan clarísimas como “La Invasión de los Ultracuerpos” o “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, el film no se preocupa de explorar aunque sea de refilón el género de terror y el propio caracter extremo del personaje pide a todas luces muchas más dósis de humor negro y salvajismo. Podía haber sido el “Deadpool” de Sony pero quizá ha faltado el punto de atrevimiento para ir a por todas y no quedarse solo en sugerirlo. Amaga pero no termina de pegar.

“Venom” se estrena en España el 5 de Octubre

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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