Crítica: “Kingsman: Servicio Secreto”


“Los modales hacen al espía” por Oscar De La Cruz

“Las películas de espías de hoy en día son demasiado serias”, le dice un ceceante Samuel L. Jackson a Colin Firth en uno de los diálogos que comparten. En un mundo de modas tan cambiantes como el del cine, el Bond de Pierce Brosnan acabó agotando la imagen del refinado superagente que no se despeina ni se arruga el traje durante una pelea para dar paso a Jason Bourne, imponiendo una renovadora tendencia realista en el género que seguirían franquicias tan asentadas como la del propio Bond o “Misión: Imposible”.

Como las mencionadas tendencias son cíclicas, el tándem formado por Mark Millar y Matthew Vaughn eligen el mejor momento para reivindicar de nuevo la figura del superagente clásico y demostrar que se puede adaptar a las mil maravillas a los esquemas del blockbuster de acción de esta época.

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“Kingsman: Servicio Secreto” utiliza las bases creadas por el director y el guionista de comics en “Kick Ass”, desarrollando y evolucionando un estilo propio para fusionar los lenguajes de comic y cine, ya reconocible a pesar de ser solamente su segundo proyecto juntos. Vaughn consigue su película más redonda, corrigiendo y aumentando de manera inteligente todos los aciertos narrativos y – sobre todo – visuales mostrados en la mencionada “Kick Ass” y la magnífica “X-Men: Primera Generación”. Un estilo de acción especialmente descarado y salvaje a la hora de mostrar altas dosis de violencia, atenuada en esta ocasión por la acertada decisión de no mostrar una gota de sangre en pantalla (de no haber sido así “Kingsman” hubiese entrado directamente en la categoría del cine gore).

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Entrar en el terreno del homenaje tiene sus inconvenientes, más aun si hablamos de un género con reglas y estereotipos tan marcados. Durante su primera hora “Kingsman” puede parecer que peca de falta de originalidad ya que todo el proceso de reclutamiento, el periodo de adiestramiento, los gadgets o el letal sicario suenan a vistos mil y una veces. Lo único que realmente descoloca por su novedad es el villano encarnado por Samuel L. Jackson.

Vaughn y Millar utilizan el recurso de dar la vuelta como un calcetín al típico villano de la saga Bond, despojándolo de cualquier atisbo de glamour y sofisticación. Un recurso novedoso que convierte al malo de la función en una exagerada antítesis de los héroes: un nerd norteamericano que viste al estilo hip-hop,come hamburguesas, cecea al hablar y se marea si ve sangre frente al más alto grado de sofisticación, estilo, flema y elegancia puramente británicos de una organización cuya tapadera es una sastrería y en la que para ingresar, es tan necesario dominar armas y técnicas de combate como saber llevar un traje a medida, comportarse como un gentleman y saber apreciar un buen licor.

Aunque en dicho tramo no ocurra realmente nada que no hayamos visto antes, la película no aburre en ningún momento y avanza con dinamismo gracias a sus magníficas escenas de acción, una buena dosificación del humor que nunca cae en la parodia y una muy buena química entre sus dos protagonistas.

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Colin Firth debuta por todo lo alto en el blockbuster de acción puro luciendo su porte de gentleman inglés sobradamente conocido y empleándose sorprendente bien en las escenas físicas, mientras que el joven Taron Egerton, cuando consigues dejar de fijarte en lo mucho que se parece a Cristiano Ronaldo (clavadito, parece un mini-clon) llena la pantalla derrochando simpatía, carisma y encanto chulesco. Ambos alcanzan una compenetración perfecta en su relación tutor-pupilo.

Todo podría haber quedado ahí. Una versión de “My Fair Lady” actualizada y aplicada al cine clásico de espías entretenida, agradable y simpática. Entonces llegamos a LA IGLESIA.

Cuando se cierran las puertas de la iglesia ya no hay vuelta atrás. En ese momento Matthew Vaughn nos coje por los mismísimos y nos deja boquiabiertos metiéndonos literalmente de lleno en la escena de acción más brutal y salvaje rodada en años. Un exhuberante plano secuencia que vale el precio de la entrada a un cine por si solo, lección absoluta de planificación y dirección que deja a la fantásticas secuencias del pub y el salto en paracaidas en meros aperitivos. En este punto la película pisa a fondo el acelerador y no lo suelta hasta llegar a un desenlace absolutamente salvaje y pasadísimo de rosca.

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Salvaje y elegante a partes iguales y extremadamente divertida, “Kingsman” es un auténtico misil que confirma a Matthew Vaughn como uno de los directores de acción del momento. El primer blockbuster que nos llega este año ha dejado el listón realmente alto para los que llegarán.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

3 comentarios sobre “Crítica: “Kingsman: Servicio Secreto”

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