Crítica: «American Crime» – Episodio 6

La verdad es lo de menos.

Es curioso que seguramente el episodio más plano, el menos potente en cuanto a intensidad dramática de todo lo que llevamos de serie, contenga los giros de guión más importantes e inesperados hasta el momento. Y apenas se nota. Analizar la serie a nivel estructural a estas alturas sería caer en lo repetitivo, y precisamente debido a dicha estructura tan marcada e inalterable, empezamos a sentirnos inmersos en una incómoda y parsimoniosa velocidad de crucero. Sin el recurso de alguna escena con auténtico impacto dramático, «American Crime» a veces peca de monótona y excesivamente contemplativa en el camino hacia su resolución final.

Esto es fruto también de los automatismos mentales con que los que funcionamos. Acostumbramos a hacernos una composición de lugar y ya desde el episodio piloto, tendemos a imaginar el nudo y desenlace de la serie, basados en nuestro bagaje como espectadores. A veces acertamos, como en la previsible trama que afecta a Tony, y otras no tanto. Yo mismo analicé el primer episodio de «American Crime» como un duro retrato de los defectos y miserias de la sociedad norteamericana, aderezada con una trama de investigación criminal utilizada para enganchar. El error, una vez más, es dar las cosas por sentado. La reseña del episodio de la semana pasada se basaba en la sensación de que el sentido común se iba imponiendo poco a poco: Dí por consumada la derrotada a Barb en su empeño irracional por convertir la muerte de su hijo en un crimen racial, Carter Nix salía de prisión bajo fianza ante la evidente falta de pruebas en su contra y me sentí decepcionado al ver que nadie parecía interesado en interrogar a Gwen después de haber despertado del coma.

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Un episodio después el vuelco es brutal. La situación en la que Carter se ve envuelto por culpa de Aubrey y el bloqueo mental de Gwen respecto al recuerdo de la fatídica noche lo han cambiado absolutamente todo. Barb ha ganado aprovechando la apariencia de los hechos, gracias a una agresiva aparición televisiva, ayudada por otra mujer igual o más resentida que ella y Hector, que era prácticamente hombre muerto, tiene ahora la sartén por el mando en su negociación con la fiscalía. Y todo sin un ruido, ni pizca de efectismo dramático, de manera tan sumamente sobria que genera esa falsa sensación de soso episodio de transición.

Pero la reflexión importante es la siguiente: ¿Y si nunca llegamos a conocer la verdad de los hechos? ¿Y si Carter Nix es la auténtica victima de esta historia? ¿Y si la verdad es lo de menos en esta historia? ¿Podría enviarse un mensaje más devastador que ese?. Quizá ahí resida la grandeza de «American Crime». Una serie que sorprende incluso sin que nos demos cuenta.

«American Crime» se emite los viernes en Movistar Series.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

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