«Nunca doblegado, nunca roto» («Unbowed, unbent, unbroken»)
Al igual que en «Kill the Boy», el realizador canadiense Jeremy Podeswa es el responsable de dirigir el episodio de esta semana. Decir que Podeswa es un director veterano en el mundo de la televisión es quedarse corto, ya que ha dirigido episodios para más de veinte series en los últimos quince años, algunas de ellas tan míticas como «Nip/Tuck», «L», «Dexter», «A Dos Metros Bajo Tierra», «Los Tudor», «Roma», «Weeds», «Boardwalk Empire», «Homeland» o «The Walking Dead». Ahí es nada.
«Nunca doblegado, nunca roto» es el lema de la casa Martell de Dorne y titula esta sexta entrega en la que la trama avanza a pasitos realmente cortos. Sin acercarnos al Muro ni a Meereen, donde se centró el foco de atención la pasada semana, regresamos a Pentos de la mano de Arya para seguir la evolución de su adiestramiento y continuar explorando los misteriosos recovecos de la Casa de Blanco y Negro. Trás comprobar que Jaqen H’Ghar posee un don que lo convierte en el más fiable de los polígrafos humanos y constatar que el misterioso templo es un lugar destinado a buscar voluntariamente la muerte para huir del dolor, se abre ante nuestros ojos la imponente Sala de los Rostros, donde descansa la innumerable colección de caras de los cadaveres recolectados en el templo a lo largo de los años.
Mientras se reponen de su encuentro con los Hombres de Piedra, la incontinencia verbal de Tyrion propicia un breve momento de aflicción en el rostro del bravo guerrero al conocer la noticia de la muerte de su padre. En su accidentada travesía van a dar con un pequeño grupo de esclavistas comandado por Malko, encarnado por Adewale Akinnuoye-Agbaje (por supuesto que no lo he escrito de memoria. Gracias Google), un rostro de lo más familiar para todos los fans de «Lost», donde interpretó al mítico Mr. Eko. La desgracia sigue persiguiendo al pequeño Lannister, no solo por ser capturado de nuevo. El colmo de la mala suerte es que en la cultura de tus captores, el pene amputado de un enano posea poderes mágicos. Como a lo largo de toda su existencia, su labia y rapidez mental es lo que salva por poco su miembro, su cuello y el de Mormont.
Otra de las partes en las que se podía atisbar algo de sangre derramada es en la, no muy discreta, incursión de Jaime y Bronn en los Jardines del Agua para rescatar a Myrcella, que propicia un cara a cara con las Serpientes de Arena. La situación queda en conato de lucha a muerte gracias a la intervención de la guardia personal del príncipe Doran. Otra escena donde contemplar brevemente lo magníficamente bien que dan en pantalla los jardines del Real Alcazar de Sevilla como territorrio Dorniense.
Los números uno de Poniente en cuanto a trapicheos y conspiraciones siguen dándose cita, como es tradición, en la capital de los Siete Reinos. Meñique llega a Desembarco del Rey para continuar su retorcido plan manipulando a la mismísima Cersei, no sin antes comprobar como se las gasta la nueva e implacable policía de la moral que se ha hecho con el control de la ciudad. De manipulador a manipuladora suprema, Cersei Lannister torea con absoluta maestría a un personaje tan sumamente inteligente como la Reina de las Espinas, que ha regresado con la exigencia de la inminente excarcelación de Ser Loras. El magnífico duelo dialéctico entre ambas reinas es la antesala del cumplimiento de una etapa más del maquiavélico plan de la Reina Madre para quitarse de enmedio a toda la familia Tyrell. Relatada de manera mucho más directa y menos retorcida que en las novelas, Cersei ejecuta una nueva jugada maestra en la que a través del lider de los Gorriones, convertido ya en Septón Supremo, coloca al borde del abismo a Ser Loras y de paso a la mismísima Reina Margaery.
Al norte, en Invernalia la nueva Sansa, mucho más fuerte y menos temerosa como demuestra en su escena con la celosa Myranda, no consigue esta vez mantener a salvo la virginidad que ha salvaguardado milagrosamente hasta el día de hoy. Contrastando con la sobriedad y la sencilla belleza de una típica boda norteña, otro acto deleznable y humillante para el pobre Hediondo y la enésima demostración de que George R.R. Martin no tiene ningún tipo de piedad con el apellido Stark. Ramsay Bolton sigue haciendo méritos para resultarnos más repugnante cada día hasta el punto de que a estas alturas recordamos a Joffrey solamente como un chiquillo algo travieso que tenía sus cosillas.
Un pasito más en esta quinta temporada y otro episodio para apreciar y disfrutar la fantástica e imparable mejora de calidad en la producción, en este caso en el maravilloso vestuario y en su textura impecablemente fotografiada. La próxima semana volveremos para comentar «The Gift». Hasta entonces, Valar Morghulis.
Puedes seguir la quinta temporada de «Juego de Tronos» en Canal + Series.
@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz





