«Despegue imposible» por Oscar De La Cruz
El gigántesco éxito de «Ocho Apellidos Vascos» ha hecho que se multiplique la ya de por sí amplia oferta de comedias en nuestro cine. Al tradicional buen hacer dentro del género en nuestra industria y a sus mecanismos se han ido añadiendo acertadamente toques de estilo característicos de la comedia norteamericana o británica, consiguiendo productos realmente entretenidos y que atraen con facilidad espectadores a las salas.
Siguiendo la estela de magníficos ejemplos recientes como «Fuga de Cerebros», «3 Bodas de Más», «Promoción Fantasma» o la propia «Ocho Apellidos Vascos» e intentando aprovechar el tirón de su emergente estrella protagonista llega «Ahora o Nunca», una típica comedia romántica que, a pesar de esforzarse por resultar simpática, ligera y agradable, no termina de despegar en ningún momento.
Lastrada por un flojo guión, la cinta es un cúmulo de situaciones previsibles, mil veces vistas y resueltas de manera tan rutinaria que lo máximo que consigue es hacer esbozar un par de medias sonrisas y ni una sola carcajada. Aún explotando por enésima vez el recurso humorístico del comportamiento garrulo de los españoles en el extranjero, a este tipo de películas a veces lo salva una escena o un chiste especialmente acertado o algún secundario memorable, pero en este caso ni eso. Incluso sus intérpretes llegan a parecer peores de lo que en realidad son en su esfuerzo por defender unos diálogos bastante faltos de chispa y ritmo, perdiendo en muchas fases la mayor de sus virtudes: La naturalidad.
Aunque acabe encasillado en el papel de chico simpático, tierno y algo torpe que le va como anillo al dedo, Dani Rovira ha demostrado con creces que puede ser un magnífico actor cómico, sobre todo por su magnífico sentido del ritmo, tan importante y difícil de conseguir y perfeccionar. Basta con ver su trabajo como monologuista y lo que es capaz de hacer con un guión bien trabajado detrás, justo lo que no tiene para sujetarse en esta ocasión.
Dividida en tres subtramas parelelas, la principal y más amena narra el accidentado viaje del personaje interpretado por Rovira, acompañado por su padre y su suegro. Dos actores con una espectacular vís cómica como Joaquín Nuñez y Jordi Sánchez, tremendamente desaprovechados y reducidos a meros bultos que acompañan al protagonista. La otra trama principal transcurre en el pueblecito de la campiña inglesa donde la novia y sus amigas esperan la llegada del novio y se desarrolla de manera bastante sosa, sin mostrar alguna situación realmente original. También bastante desaprovechado resulta el viaje con juerga incorporada en el autobús del resto de invitados, salvo un par de breves aportaciones de Yolanda Ramos y una Melody con desparpajo y sorprendentemente natural en su debut en el cine.
Seguramente la promoción y el efecto Rovira harán que funcione bien en taquilla pero en esta ocasión la simpatía del malagueño, el encanto de María Valverde y la buena química entre ambos no son suficientes para levantar una comedia bastante desangelada y olvidable, que cuando se pone romántica cae con facilidad en la cursilería y de la que tan solo se pueden rescatar aciertos como el correcto trabajo de María Ripoll trás la cámara y su resultón acabado visual, un buen trabajo de montaje y una cuidada selección musical.
Como en todas las cinematografías del mundo, en España también caemos a veces en el error de hacer primar la cantidad por encima de la calidad a la hora de manufacturar productos que sigan la estela de un determinado éxito, de ahí que estemos viviendo un auténtico aluvión de comedias patrias y en esta ocasión haya tocado una de las flojitas.




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