Crítica: «Point Break» (Sin Límites)

«El espectáculo es lo que cuenta» por Oscar De La Cruz

Corría el año 1991 cuando llegó a las pantallas un film veraniego de acción que se convirtió en un rotundo éxito. «Point Break» era un potente thriller que confirmaba el talento de su directora Kathryn Bigelow y contaba con Patrick Swayze en el punto álgido de su carrera (cuatro años después de «Dirty Dancing» y tan solo un año después de protagonizar «Ghost») y un emergente Keanu Reeves afrontando su primer papel como héroe de acción varios años antes de «Speed» y «Matrix».

«Le llaman Bodhi», como se tituló en nuestro país, se convirtió con los años en una cinta de culto al ambientar su absorvente trama de policías y ladrones en un submundo fascinante y poco explotado hasta el momento como el de los deportistas extremos, lo que conseguía dotar al film de un plus de adrenalina que le sentaba de maravilla. Años más tarde llegaría «A Todo Gas» («The Fast and the Furious»), otro estreno de verano sin demasiadas pretensiones que tomaba prestada la misma premisa de colocar a dos adictos a la adrenalina a ambos lados de la ley, convirtiéndose en un remake descarado de «Le llaman Bodhi» ambientado esta vez en el mundo de las carreras ilegales de coches tuneados.

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Precisamente el director de fotografía de «The Fast and the Furious» es el encargado de llevar a las pantallas el remake, esta vez de manera «oficial», del film de Bigelow 24 años despúes. Este nuevo «Point Break» cumple con los estándares de la mayoría de remakes actuales e intenta aprovechar las técnicas modernas para ofrecer un espectáculo visual exponencialmente superior a costa de sacrificar la dinámica entre personajes y la profundidad dramática. Luke Bracey y Edgar Ramirez dan bastante el pego como experimentados deportistas extremos pero no hay ni rastro de la química, el carisma y el pulso emocional que mantenían Reeves y Swayze, el interés romántico de Utah que tanto tenía de decisivo en la película original está aquí metido con calzador y no aporta casi nada, al igual que el personaje de Angelo Pappas interpretado por un testimonial y desaprovechado Ray Winstone. Únicamente el pequeño cameo de James Le Gros y un ligero guiño a los ex-presidentes sirven como homenaje complice al film del 91.

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Todo esto puede intuirse antes de entrar en la sala gracias a los tráilers o simplemente conociendo un poco como funcionan los mecanismos del cine de acción contemporaneo, por lo que tampoco sería justo catalogar a «Point Break» como una mala película, simplemente es hija de los tiempos que corren para el género en los que el guión funciona como simple instrumento para pasar de una de escena de acción a otra. Es el «Le llaman Bodhi» de la generación YouTube a la hora de mostrar un nuevo submundo en el que los deportistas extremos son jóvenes celebridades esponsorizadas por magnates millonarios o marcas de bebidas energéticas, en contraste con la comuna pseudo-hippie de surferos californianos que atracaban bancos como chute extra de adrenalina y medio de financiación para vivir un eterno verano. El guión de Kurt Wimmer se esfuerza en cambiar lo suficiente el desarrollo de la historia y la estructura de los personajes para ofrecer una experiencia lo suficientemente nueva, aunque el intento por elevar la trascendencia y el aspecto espiritual de la misión de Bodhi acabe dando como resultado unas motivaciones delictivas cogidas con pinzas, incluso algo contradictorias. De lo que no puede acusarse a dicho guión es de falta de ritmo ya que va como un cohete desde el primer minuto y cada escena de diálogo no es más que una breve transición entre escenas de acción, a cada cual más espectacular.

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Ahí es donde Ericson Core muestra toda su artillería pesada filmando de manera primorosa a los mejores profesionales del mundo en cada disciplina. El magnífico trabajo de fotografía también corre a cargo del director que aprovecha fantásticamente algunos de los escenarios naturales más bellos del mundo creando un imponente espectáculo visual y consiguiendo una de las primeras películas que aplican realmente bien el efecto 3D en las escenas de acción. Motocross, surf, snowboard, paracaidismo, escalada libre… el film no se deja ni una sola modalidad de este tipo de deportes sin explotar visualmente a la perfección. Los admiradores de dichas disciplinas y del espectáculo visual puro y duro amortizarán más que de sobra la entrada asistiendo a nada menos que siete u ocho set-pieces de acción de impecable factura técnica.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

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