Icono del sitio Los Reyes del Mando

Crítica: «Black Mirror» Temporada 3

«El futuro es hoy» por Oscar De La Cruz

Para alguien que considera a «Black Mirror» como la gran obra audiovisual de lo que llevamos de siglo no podría haber mejor noticia que la llegada de una nueva temporada. Desde el anuncio de la adquisición de la serie por parte de Netflix, la mezcla de júbilo, ansiedad, expectación y precaución que comentábamos en el post sobre la segunda temporada nos han hecho a muchos contar los días y las horas hasta la llegada de ese ansiado fin de semana de intenso maratón que por fin ha llegado. Toca sentarse en el sofá, dejarse llevar por esta nueva tanda de seis episodios (otros seis llegarán el próximo año) y disfrutar de la experiencia.

¿Expectativas cumplidas? Rotundamente sí. La serie ante todo sigue siendo extraordinariamente fiel a sí misma y no ha perdido por el camino ni una pizca de lo que la hace tan especial y diferente a todo lo demás. Como toda antología, sigue cargando con el siempre presente lastre de la irregularidad (en esta ocasión multiplicada por dos por el paso a seis episodios por temporada en lugar de tres) pero aunque es inevitable preferir unos episodios sobre otros dentro de un conjunto tan heterogéneo de estilos, géneros y temáticas, mi balance personal en caliente trás el reciente primer visionado es el de dos capítulos buenos, tres maravillosos y una deliciosa obra maestra.

Temas recurrentes dentro del show como las redes sociales o las simulaciones virtuales conviven en esta nueva entrega con otros tan interesantes y controvertidos como la eutanasia, los conflictos bélicos o el ciber-acoso, en los que Charlie Brooker coloca su punto de mira por primera vez. El nivel de producción continúa al mismo nivel o incluso un puntito por encima con un estupendo y variado trabajo de fotografía y el habitual acierto en el uso de la música. Lo mismo puede decirse del nivel actoral de su acertadísimo casting. El duplicar el número de episodios también permite a la nueva temporada el terreno suficiente para introducirse en géneros cinematográficos no transitados hasta el momento como el policiaco o el bélico, contando con una amplia variedad de estilos de dirección.

A continuación tenéis la reseña de cada episodio que cierra este monográfico especial y da por finalizado nuestro particular fin de semana de paranoia tecnológica. Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo.


«Nosedive»

Nuestras negras pantallas se vuelven a resquebrajar y la apertura de la temporada nos sitúa en un terreno bastante reconocible. Un mundo idealizado y completamente decorado en tonos pastel se abre ante nuestros ojos mientras seguimos los pasos de Lacie, una chica dulce y encantadora que intenta prosperar en una sociedad cuyo funcionamiento se rige por las normas de las redes sociales.

La fantástica Bryce Dallas Howard brilla con luz propia en una interpretación estudiadamente paródica y exagerada en el episodio más cuidado a nivel estético de esta nueva temporada. La magnífica fotografía y su paleta cromática otorgan un puntito de irrealidad y ambientan a la perfección una estupenda sátira sobre la dictadura de las apariencias y la importancia de la imagen que proyectamos de nosotros mismos al exterior. Como siempre, una distorsión menos exagerada de lo que aparenta de la realidad en que vivimos y una crítica a la hipocresía y los prejuicios de una sociedad ridículamente elitista. No es que pueda ocurrir que acabemos siendo reducidos a una cifra. Ya está ocurriendo.


«Playtest»

Trás debutar a lo grande en la dirección de largometrajes de la mano de J.J. Abrams con «Calle Cloverfield, 10», Dan Trachtenberg es el encargado de dirigir «Playtest». Quizá es uno de los episodios menos sorprendentes por centrarse en un tema bastante recurrente en la ciencia ficción como los peligros de las simulaciones virtuales extremadamente realistas pero funciona a las mil maravillas como brillante ejercicio de terror psicológico. Una auténtica pesadilla de estructura clásica que apela a nuestros miedos más primarios y consigue hacer pasar un verdadero mal rato con detalles como esa grotesca araña con rostro humano cuya imagen no consigo borrar de mi mente.


«Shup Up and Dance»

Junto a «Playtest», «Shut Up and Dance» es el episodio de estructura más clásica y rutinaria de la temporada. Brooker es muy consciente de que sus historias ambientadas en el mundo real en los que prescinde de un entorno futurista y de dispositivos imaginarios acaban siendo a la postre las más inquietantes y terroríficas. La trama se limita a exponer varios casos entrelazados de ciber-acoso que evolucionan progresivamente hacia extremos pesadillescos. Otro ejercicio de tensión magníficamente realizado pero en el que se acaba echando en falta el acostumbrado giro final de guión que te haga estallar la cabeza y te descoloque por completo.


«San Junipero»

Una estupenda apertura y dos episodios buenos aunque no memorables son la antesala del momento álgido de la tercera temporada. «Black Mirror» vuelve a conseguir lo que parecía imposible y nos desarma por completo jugando de manera magistral con nuestra percepción. Charlie Brooker, ese consumado ilusionista, juguetea con nuestro cerebro mientras que con la otra mano y sin percatarnos en absoluto se abre camino hasta el mismo centro de nuestro corazón, sirviéndonos en bandeja una de las historias de amor más bellas y emocionantes de todos los tiempos.

Mientras intentas cuadrar en tu mente como encaja un revival ochentero dentro de una serie distópica sobre el presente y el futuro, serás testigo del nacimiento de la amistad entre Kelly y Yorkie, dos chicas de personalidad completamente opuesta (una de personalidad extrovertida y nihilista, la otra extremadamente tímida y reprimida) que se encuentran por casualidad en el bar de una localidad turística. Esta premisa aparentemente sencilla solo es el primer paso de un plan magistralmente orquestado en el que las soberbias interpretaciones de Gugu Mbatha-Raw y Mackenzie Davis nos llevan de la mano al ritmo de un buen puñado de éxitos musicales de los ochenta (ojo a los títulos de las canciones que ofrecen pistas subliminales sobre el argumento) hacia un giro de guión completamente inesperado, arrebatador y profundamente emotivo. Esta serie me ha proporcionado un abanico bastante variado de emociones pero jamás podría pensar que acabaría llorando de emoción ante la imagen de dos luces parpadeando juntas.

No quiero profundizar más en detalles de la trama para no fastidiar la experiencia a quien aun no lo haya visto, simplemente os recomiendo que os sumerjáis cuanto antes en los sesenta minutos de televisión más maravillosos de los últimos años. Comprobaréis en vuestras carnes como la serie se salta a la torera sus propios fundamentos y que hasta en la pesimista visión de Brooker hay un rayo de luz de esperanza en el ser humano y la maravillosa tecnología que podría llegar a crear. Si el cielo no existe definitivamente valdría la pena intentar crearlo.


«Men Against Fire»

Apenas recuperados del impacto emocional, la serie retoma su senda habitual entrando por primera vez en el temor hacia los posible métodos de control militares en las guerras del futuro. Bajo la apariencia de un film bélico-futurista, «Men against Fire» evoluciona hasta convertirse en una seria advertencia sobre la deshumanización del soldado como medio para lograr el arma perfecta, dentro de un sistema elitista y segregador que guarda inquietantes similitudes con el nazismo.

Otra pieza impactante, majestuosamente escrita y realizada que invita a una profunda reflexión a través de sus abundantes ramificaciones morales, coronada con una imagen final poderosamente amarga y descorazonadora.


«Hated in the Nation»

Después de «San Junipero» que juega en otra liga, probablemente el mejor episodio de la temporada a todos los niveles junto a «Nosedive». «Hated in the Nation» es un espectacular thriller policiaco filmado con un pulso que ya quisieran muchas superproducciones del género y que combina de manera milimétrica el suspense y la acción con la denuncia a los desproporcionados linchamientos populares a través de herramientas como Twitter a los que cualquiera puede estar expuesto a poco que cometa un traspiés o una salida de tono de forma pública.

El episodio introduce además otro elemento tecnológico, maravillosamente utilizado como potentísimo recurso cinematográfico y como implacable y terrorífica amenaza para los protagonistas. Otra genialidad que funciona como un mecanismo de relojería de lo más disfrutable.

«Black Mirror» Temporada 3 está disponible en Netflix.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

Salir de la versión móvil