Crítica: “La Cura del Bienestar”


Pesadillas para el mundo moderno.

A lo largo de los últimos veinte años y con el fuerte respaldo que supone el éxito de taquilla de la saga “Piratas del Caribe”, Gore Verbinski ha construido una sólida carrera en la que progresivamente y sin prisas va añadiendo matices más autorales a su condición de hábil artesano al servicio de cualquier tipo de género.

“La Cura del Bienestar” es su proyecto más personal hasta el momento y la confirmación de un magnífico talento para la composición de imágenes y la creación de atmósferas y, aunque el resultado final esté lejos de la excelencia, es palpable el extraordinario mimo y cuidado con el que el cineasta pretende hacer llegar su obra al público.

De entre todos los referentes de los que bebe el film quizá el más evidente de ellos y el más reciente sea “Shutter Island” de Scorsese, tanto por su temática y ambientación como por la elección de Dane DeHaan como protagonista quien, además del parecido físico, comparte un buen número de tics actorales con Leonardo DiCaprio. DeHaan carga sobre su espalda con todo el peso de la trama y encarna, aportando un toque de oscuridad, al prototipo de ejecutivo joven y sin escrúpulos obsesionado por alcanzar el éxito de la manera más rápida y directa que le permita el sistema capitalista. El broker recibe el encargo por parte de sus superiores de viajar a un balneario ubicado en lo más remoto de los Alpes Suizos y convencer y traer de vuelta al dueño de la empresa de su retiro permanente.

Trás el magnífico arranque en el que Verbinski ilustra magistralmente un Wall Street devorador, insano y agobiante por medio de rascacielos que se elevan como siluetas oscuras y amenazantes y pantallas de ordenador exageradamente atiborradas de datos y números, la película concentra su buen número de virtudes en la primera mitad del metraje en la que la narración fluye partiendo del contraste de esa jungla urbana con el aparentemente apacible y majestuoso balneario de manera realmente fascinante. Todo funciona a las mil maravillas a la hora de enganchar y mantener el interés del espectador a medida que nos adentramos en cada estancia del intrigante centro de salud dirigido por el doctor Volmer, un sobresaliente Jason Isaacs en un rol que guarda bastantes similitudes con su papel en la estupenda serie de Netflix “The O.A” y en el que vuelve a ofrecer una exhibición de como transmitir tensión partiendo de la empatía, la amabilidad y la más absoluta normalidad.

Aparte de la habilidad narrativa y la sensación de creciente tensión e incomodidad psicológica, dicha primera mitad concentra también los mayores logros visuales de la cinta y sus planos más bellos, poderosos y memorables, cuya cima es uno de los accidentes automovilísticos más impactantes y prodigiosamente rodados de los últimos años.

Desgraciadamente cuando debe disponerse a rematar la faena y confirmar las buenas sensaciones, el film se desinfla de manera incomprensible. Coincidiendo con el momento en el que su protagonista abandona el escenario principal, la trama sufre una exageradísima caída de ritmo que revela a las claras lo excesivo de sus dos horas y veinte de metraje.

Como si se tratara de una cuestión de agotamiento, nada vuelve a ser lo mismo trás regresar al balneario. Lo que antes era un clima de tensión y una atmósfera desasosegante implantadas hábilmente a nivel psicológico son sustituidas por artimañas mucho más explícitas y facilonas para continuar incomodando al espectador durante un tramo en el que film duda y elige el camino equivocado. Quizá consciente del nivel de producción y el presupuesto que maneja el proyecto, la prometedora intención de convertirse en una sátira sobre los males que aquejan al mundo moderno va quedando en un segundo plano hasta prácticamente desaparecer y el guión opta por dirigirse hacia terrenos mucho menos profundos. Podría haber quedado en el recuerdo como una joyita de culto pero Verbinski parece preocuparse demasiado por terminar su historia de una manera mucho más convencional y rutinaria, preparando al espectador para que lea sin mucha dificultad las descaradas pistas que ha ido colocando a lo largo del metraje y encaje las piezas de una trama conspirativa que coquetea con el ridículo y ofreciendo las auto-obligadas dosis de espectáculo en su clímax.

Cada vez resulta más difícil encontrar en la cartelera una producción de Hollywood de este nivel que parta de una idea realmente original y no sea un remake o esté basada en una novela, cómic o videojuego y esto ya es algo digno de valorar en la época que vivimos. Lástima que la sensación final sea de oportunidad perdida porque bien rematada, “La Cura del Bienestar” podría haberse convertido en una deliciosa pesadilla para los tiempos modernos.

“La Cura del Bienestar” se estrena en España el 24 de Marzo.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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Un comentario sobre “Crítica: “La Cura del Bienestar”

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