Crítica: “La Cordillera”


El político humano

Tanto el cine español como el latinoamericano han encontrado durante los últimos años en el thriller su particular zona de confort y el cámino más directo a la hora de conectar con crítica y público. Siguiendo la positiva tendencia, cada vez son más numerosas las producciones englobadas dentro de un género al que no hace demasiado costaba acercarse de manera desacomplejada a ciertas cinematografías. Con un domino de sus mecanismos progresivamente depurado, la cartelera acoge de manera frecuente producciones cada vez más ambiciosas, de las que “La Cordillera” es una muestra perfecta.

Irreprochable a nivel formal, el film de Santiago Mitre rebosa estilo desde su primer fotograma al último. El poderoso escenario donde se desarrolla la trama fotografiado de manera excelsa, unido al manejo de la cámara y la aportación musical del siempre competente Alberto Iglesias, generan una atmósfera irresistiblemente envolvente. Tan aséptica y bella como incómoda y claustrofóbica, una sensación de lujoso y opresivo aislamiento que recuerda a “El Escritor” de Roman Polanski por donde Mitre mueve a sus personajes de manera milimétrica, con el personaje de Ricardo Darín como epicentro absoluto de un microuniverso minuciosamente construido.

La eterna fascinación por el poder y los hombres y mujeres que lo sustentan es el principal gancho de un relato que se sitúa en el ámbito de la alta política. Adentrarse en la enigmática psique de los elegidos para marcar los designios de todo un país siempre ha resultado de lo más atractivo para el espectador y nos ha dejado obras del calado de “House of Cards” o “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. “La Cordillera” trata de adentrarse en tan sinuoso terreno con un estilo marcado, personal y muy reconocible basado en algo tan “argentino” como la metáfora como omnipresente recurso narrativo y una vocación claramente psicoanalítica.

El sujeto a psicoanalizar es Hernán Blanco, un papel a medida de un Ricardo Darín que aporta el necesario toque de misterio a su ya consabida habilidad para encarnar de manera convincente al paradigma del hombre corriente. El enigmático presidente de Argentina se ve inmerso en su primera gran encruzijada al tener que lidiar con una decisiva cumbre energética internacional y el problema interno en el que se entremezcla su gobierno y su ámbito familiar. De esta manera, la trama se bifurca en dos narraciones paralelas en la que se disecciona la psicología del protagonista.

El propio apellido del presidente es sólo la primera y más evidente muestra del abundante contenido metafórico de la película. Esa ventana reventando ruidosamente rompiendo la quietud y presentando a la hija del presidente (intensísima Dolores Fonzi) como elemento desestabilizador, el componente fantástico que representa a la descendencia como implacable juez de nuestros actos o el laberíntico camino hasta acceder al emisario norteamericano, vértice de la pirámide de poder que rige el mundo, son parte importantísima del puzzle diseñado por Mitre para diseccionar a Blanco al que el guión añade una relevante tercera vía: la entrevista con la periodista interpretada por Elena Anaya.

El problema principal de “La Cordillera” reside en sus decisiones finales, con un desenlace abrupto y anticlimático que ha generado polémica en la recepción del film e incluso cierta molestia por parte de los responsables hacia algunas críticas. Es encomiable intentar orquestar una experiencia que no termine con el final de la proyección e instar al espectador a tomar parte activa, a sacar sus propias conclusiones e incluso animar a un segundo visionado en busca de más detalles para formarse una conclusión más completa, pero de la misma manera parece demasiado arriesgado el proponerlo de una manera tan brusca y sin que quede un poso de insatisfacción cuando aparecen los títulos de crédito y se encienden las luces.

Si tomamos la primera escena en la que la cámara se adentra en la Casa Rosada por la cocina como una metafórica declaración de intenciones, es hasta cierto punto natural que resulte frustrante salir de la sala con el mensaje “El ser humano es complejo y los políticos aún más” como insuficiente primera lectura global del film. La decisión de mantenerse instalado en la ambigüedad incluso podría tacharse de perezosa cuando se nos ha propuesto desde el principio un análisis tan pormenorizado, ya que toda la (soberbia) arquitectura del film, el género en el que se maneja y la propia naturaleza del relato parece pedir a gritos un desenlace más cerrado y redondo y no acabar convertido en un psicoanális cuya parte más decisiva (el diagnóstico) es responsabilidad exclusiva del espectador.

Tal vez Mitre haya depositado demasiadas esperanzas en sus espectadores dejando a su albredío el regusto final de su obra. Al final todo pende del hilo del interés o la pereza a la hora de intentar descifrar el comportamiento de los poderosos. Igualito que con los políticos reales, mire usted.

“La Cordillera” se estrena en España el 29 de Septiembre.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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2 comentarios sobre “Crítica: “La Cordillera”

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