Crítica: “Black Mirror” Temporada 4


El imprevisible factor humano

La longevidad de una serie que alcanza su cuarta temporada ofrece el suficiente juego para estudiar su desarrollo y evolución, incluso en un caso tan particular como el de “Black Mirror”. Una serie con características tan marcadas transita permanente e irremediablemente por una fina linea en la que no siempre resulta sencillo mantener el equilibrio, lo que convierte en imprescindible el saber reinventarse y revisar un discurso tan sumamente marcado, sobre todo a estas alturas.

Si la tercera temporada despejó de manera contundente cualquier tipo de dudas al respecto de si el show podía ver alterada su esencia por la compra de los derechos de la serie por parte de Netflix y los cambios que esto acarreaba (mayor presupuesto, el doble de episodios por temporada) la cuarta no hace más que constatar lo bien que le ha sentado la mudanza.

Si algo desprende la serie creada por Charlie Brooker es inteligencia a la hora de seguir explotando sus mayores virtudes y a la vez convivir con el inevitable desgaste y las propias limitaciones de su formato. En un primer visionado, la nueva tanda de episodios puede llegar a dejar un poso de leve decepción, principalmente porque carece de un episodio o dos que realmente “maten”. No hay un “San Junipero”, un “White Bear”, ni siquiera un “Shut Up and Dance” que llegue a las entrañas de manera tan directa, violenta y sublime, lo que puede interpretarse de manera erronea como una pérdida de capacidad de impacto y de virulencia en el discurso, sin duda uno de los valores esenciales e identitarios del proyecto.

De la misma manera en que la serie ha experimentado un crecimiento en su apartado técnico y sus aspectos más puramente cinematográficos desde su llegada a Netflix, el mensaje de Brooker ha ido ganando en sutileza y ahora se percibe algo más matizado. Con menos carga de pesimismo, provocación y mala leche, el escritor muestra de manera más clara y evidente que “Black Mirror” nunca ha sido un alegato anti-tecnología ni en contra del ser humano, simplemente juega con maestría a mezclar ambos conceptos y mostrar su choque dentro de una fórmula en la que las imperfecciónes inherentes al ser humano siempre son el elemento discordante e impredecible. Tanto para mal como para bien.

Como decía, el transvase a Netflix ha hecho crecer la serie en ambición y recursos, algo que permite que la serie sea más atrevida y variada a la hora de explorar diferentes narrativas o recursos visuales y estéticos. Continúa asentándose y edificando sus historias a partir del guión, auténtico elemento estrella de la serie y el espacio donde reside su auténtica alma e identidad, pero ahora hay más cancha para que un amplio rango de directores aporten variedad estilística, más margen de maniobra para experimentar con diferentes géneros e incluso se permite tiempo para caer en el guiño y el autohomenaje de manera más recurrente. La meticulosidad y el nivel de los guiones continúa reflejándose también en la construcción de personajes, cuyo atractivo y complejidad son un verdadero regalo para que actores y actrices de talento ofrezcan unos soberbios trabajos interpretativos, sobre todo en el caso de los personajes femeninos que ganan por auténtica goleada en protagonismo esta temporada.

Seguramente ninguno de sus seis episodios pase de manera inmediata a los primeros puestos del ranking de preferencias de los seguidores de la serie, pero esta cuarta temporada continúa expandiendo sus horizontes sin dejar de invitar a la reflexión y producir la fascinación de lo impredecible a cada nuevo giro argumental. Una experiencia algo menos impactante y arrolladora pero tan absorvente y genuina como siempre.

A continuación podéis leer el análisis de cada uno de los seis episodios completamente libre de spoilers.


“ARKANGEL”

Jodie Foster fue uno de los primeros nombres de gran prestigio que se anunciaron como nuevas incorporaciones a la nómina de directores de la serie. Seguramente las semejanzas entre la historia escrita por Charlie Brooker y la vida personal de la actriz y directora jugaron un papel importante en su decisión de incorporarse al proyecto. Su experiencia sin duda habrá sido decisiva a la hora aportar veracidad y mucha humanidad a esta relación entre una madre soltera y su hija.

En esta historia, Brooker se afana especialmente por mostrar la efectividad y los beneficios de una tecnología para poco a poco ir desgranando los peligros y los dilemas morales de su uso abusivo. Algo tan natural y humano como son los temores y dudas propias de la maternidad, más acusados aún tratándose de una estructura familiar uniparental, son el detonante para el debate sobre si estamos capacitados para discernir la fina linea entre el puro amor y la sobreprotección o la educación que marca caminos y la supresión del libre albedrío.

La nueva tanda de episodios comienza con una de las abundantes interpretaciones maravillosas con las que nos iremos encontrando. Un trabajo medido y cargado de intensidad dramática y credibilidad por parte de Rosemarie DeWitt en un episodio cuyos máximos valores los aportan los intérpretes y la mano de Foster para dirigirlos.


“COCODRILO”

Segundo episodio y segunda muestra del enorme protagonismo femenino de la serie dentro de una historia que presenta dos tramas en principio inconexas que Brooker va entrelazando de manera progresiva y deliciosa. El boom del thriller nórdico reciente en el ámbito literario posterior al éxito de la trilogía “Millenium” de Stieg Larsson y su consiguiente impacto, tanto en cine como en televisión, en forma de múltiples adaptaciones es la influencia más evidente con la que el director de “The Road” John Hillcoat envuelve el relato y lo dota de personalidad.

Los bellos parajes de Islandia otorgan al episodio una atmósfera realmente especial en un relato que habla sobre el instinto humano de conservación y supervivencia, el peso de los pecados del pasado y el fin de la mente y los propios recuerdos como último reducto hermético de la intimidad. Un relato elegantemente atroz y tenso, personificado por una potentísima interpretación a cargo de Andrea Riseborough. Otro sensacional trabajo de la actriz que recientemente deslumbraba en la gran pantalla con su participación en “La Batalla de los Sexos” y que contribuye a destacarla como uno de los grandes nombres propios del año.

Dentro del juego de guiños y autohomenajes que propone el episodio, destaca la reutilización de uno de los temas musicales más representativos de la serie. La preciosa interpretación por parte de Irma Thomas de “Anyone Who Knows What Love Is” nos retrotrae de manera inevitable a la memorable escena de “15 Million Merits” (segundo episodio de la primera temporada) en la que Jessica Brown-Findlay intentaba conquistar a los jueces del talent-show. El otro guiño interno conecta los caramelos de fresa y nata que consume la co-protagonista del episodio con “Metalhead”, otra entrega de la presenta temporada en la que ese mismo dulce aparece jugando un papel relevante dentro de la trama.


“BLACK MUSEUM”

Ignoro cual será el orden en el que Netflix colocará estos seis episodios cuando se estrenen, pero sin duda “Black Museum” debería disfrutarse el último. En primer lugar, porque es el más elaborado, impactante y complejo en su estructura de guión y seguramente el mejor de la temporada en una primera impresión. Es cierto que repite paso por paso la estructura del memorable “White Christmas”, integrando tres historias diferentes que acaban entrelazadas con la trama principal, pero está ejecutado de nuevo con tal maestría que la fórmula, aunque ya vista, respira espíritu “Black Mirror” por los cuatro costados y funciona magistralmente como apotéosico colofón.

El otro motivo importante reside en la propia naturaleza del museo que da título al relato, que esconde entre los artículos que en él se exhiben un auténtico recital de guiños y homenajes, tanto hacia episodios míticos de pasadas temporadas como a algunos de la presente, por lo que es necesario haber visto los otros cinco con anterioridad para poder identificarlos y ubicarlos.

El nombre de “Black Museum” atiende a un tipo de atracción turística bastante típica en pueblos de Estados Unidos que juega con la curiosidad morbosa de sus visitantes a base de recopilar y exhibir todo tipo de objetos relacionados con crímenes o truculentas leyendas de la zona. Este particular museo de los horrores tecnológicos está regentado por Rolo Haynes, un carismático charlatán estupendamente interpretado por Douglas Hodge que comparte muchas similitudes con el personaje al que daba vida Jon Hamm en el mencionado “White Christmas”. Rolo también atiende el perfil de mercader de la tecnología dotado de una habilidad innata para la venta y de una catadura ética y moral cuanto menos cuestionable.

Haynes actúa como narrador y parte activa de los tres relatos que conforman el tour del museo, en torno a tres imaginativas variantes del mismo avance tecnológico. Este aspecto en particular es muy importante dentro del episodio y de la propia temporada vista de manera global ya que, con la excepción de dos de los capítulos, los otros cinco toman la misma tecnología como base (incluso los dispositivos utilizados son prácticamente idénticos) para desarrollar sus tramas a partir de pequeñas variaciones de la misma. Este matiz, sumado a los mencionados autohomenajes, dan como resultado que esta cuarta temporada sea la más cohesionada de la serie hasta el momento y en la que más empeño a puesto su creador para sugerir que todo ocurre dentro un mismo universo.

“Black Museum” sobrevuela con la inteligencia y puntería habituales aspectos extraordinariamente humanos como la adicción, la caducidad del amor o las más bajas perversiones manejando con habilidad el giro de guión y la capacidad de sorpresa del espectador. Atención a la carga de ironía que adquiere el propio título a través del desenlace.

Guiños, autohomenajes y curiosidades:

  • “Black Museum” es el primer episodio de “Black Mirror” rodado en tierras españolas. Los exteriores del museo pertenecen a Almería.
  • En un momento del episodio, uno de los protagonistas está leyendo una versión en cómic del episodio de la primera temporada “15 Million Merits”.
  • El museo exhibe dentro de su colección de artículos la indumentaria y el pasamontañas de uno de los perseguidores de la protagonista de “White Bear”. También aparece en uno de los monitores el retrato de la protagonista de dicho episodio.
  • Otro de los episodios homenajeados es “Hated in the Nation” (Temporada 3), representado por una de las abejas mecánicas.
  • El resto de objetos en las vitrinas principales son referencias directas a episodios de esta misma temporada: La bañera de “Cocodrilo”, la tablet de “Arkangel” y el escaner con la piruleta de “USS Callister”.
  • Las pantallas del museo no paran de reproducir escenas de interrogatorios policiales a criminales. No he conseguido identificar a nadie, pero es probable que algunos estén relacionados con episodios anteriores.
  • San Junipero es una de las referencias más evidentes. Además del nombre del hospital donde trabaja Haynes, durante la conversación se menciona de pasada la tecnología utilizada en el mítico episodio.

“HANG THE DJ”

Como máxima expresión de los aspectos más imprevisibles, incalculables, caóticos e inexplicables de la condición humana, el amor es y será siempre uno de los temas centrales de “Black Mirror”. No existe nada más opuesto a la lógica y el raciocinio en el que se sustenta la tecnología que ese sentimiento que nos diferencia de cualquier otra forma de vida y Brooker ha encontrado en él la clave para muchas de sus reflexiones más brillantes.

“Hang the DJ” lo vuelve a tomar como tema central y como punto de partida, de manera quizá menos ambiciosa que en otras ocasiones, con un relato pequeñito a modo de fábula distópica, con las aplicaciones y las nuevas “agencias matrimoniales” surgidas en la era de Internet como principal contrapunto. Brooker utiliza de nuevo la técnica de llevar métodos y herramientas existentes hoy en día al extremo para ponerlas en tela de juicio a través de un bello lenguaje metafórico.

No llega a la excelencia sentimental de “San Junipero”, pero todo el episodio irradia la parte menos ácida y combativa de Brooker y una nueva demostración de que el amor y todo lo que nos hace humanos puede dirigirnos hacia la tragedia pero también es lo único que nos puede salvar en el tortuoso camino que conduce a eso tan abstracto llamado felicidad.

Dentro de la confrontación entre ser humano y tecnología que plantea la obra, las relaciones interpersonales es lo que más fascina a Brooker y se nota. El auténtico epicentro de sus relatos y donde su talento como escritor alcanza las mayores cotas reside sin duda en la construcción de sus personajes a nivel íntimo y en como los hace interactuar. La estupenda química entre Joe Cole y Georgina Campbell es el ingrediente final para que el conjunto funcione verdaderamente bien dentro de un entorno semi-futurista absolutamente fascinante.

Curiosidades:

  • El título del episodio hace referencia a la canción “Panic” de la banda británica The Smiths que suena en los créditos finales. El tema es uno de los grandes himnos de la historia del pop británico, aunque curiosamente no fue incluido en ninguno de los álbumes de estudio de la banda. La frase “Hang the DJ” (Ahorcad al DJ) aparece en la canción y está inspirada en un incidente radiofónico protagonizado por el DJ Steve Wright, que pinchó la canción de Wham! “I’m Your Man” justo después de la noticia del desastre nuclear de Chernobyl. La poca importancia con la que el DJ se tomó la noticia indignó a la banda y generó los versos en los que la canción dice: “Quemad la discoteca, ahorcad al bendito DJ porque la música que ponen constantemente no dice nada sobre mi vida”

“CABEZA DE METAL” (METALHEAD)

Si hablábamos anteriormente sobre la cohesión en conjunto de la temporada, “Metalhead” es la excepción que rompe absolutamente con todos los esquemas. El episodio es casi un ejercicio experimental que hace todo lo posible por alejarse del resto de episodios en cuestiones cinematográficas y estéticas.

Después de un gran debut en el largometraje con “Hard Candy” al que seguiría la cinta de terror vampírico “30 Días de Oscuridad”, David Slade ha encontrado terreno para su versatilidad y su talento visual en la televisión, donde se ha convertido en cómplice habitual de otro gran visionario como Bryan Fuller en las destacadas series “Hannibal” y “American Gods”. Rodada en impecable blanco y negro, Slade y Brooker integran en “Black Mirror” una muestra de puro género de atmósfera tensa y agobiante.

Aunque existe y forma parte del relato, en esta ocasión el discurso crítico y la reflexión quedan en un alejado segundo plano para ofrecer un sencillo y efectivo thriller que relata una agónica persecución a cargo de un enemigo implacable y realmente terrorífico. Prescindiendo casi por completo de diálogos, Slade da rienda suelta a un repertorio de referencias cinematográficas clásicas que van desde “La Noche de los Muertos Vivientes” a “Terminator”, pasando por “Psicosis”, “Acorralado” o “Depredador” que sirve en bandeja otra de las intensas interpretaciones femeninas de la temporada (un auténtico “tour de force” por parte de Maxine Peek).

El fantástico diseño del implacable villano de la función (no exento de ironía) y su integración en el entorno por medio de unos efectos especiales perfectos y sutiles es uno de los aciertos más potentes del episodio y la guinda que corona una pesadilla realmente aterradora.

Guiños y autohomenajes:

  • La protagonista es aficionada a los mismos caramelos de fresa y nata que consume la investigadora de “Cocodrilo”.
  • El plano final del episodio remite de manera irremediable al título de uno de los episodios más memorables de la serie.

“U.S.S. CALLISTER”

Sin duda el episodio que más curiosidad ha suscitado esta temporada desde la publicación de las primeras imágenes oficiales. Además de la expectación por ver como casan dos conceptos como “Black Mirror” y “Star Trek”, “U.S.S. Callister” es el episodio más largo de los seis (algo más de una hora de duración), el más ambicioso a niveles de producción, el único cuyo guión no corre a cargo de Charlie Brooker en solitario (comparte la tarea con William Bridges) y el que atesora más caras conocidas en su reparto.

La parodía y el cariñoso homenaje son solo la punta del iceberg de una historia que trata sobre los videojuegos y la simulación como vía de escape a los sinsabores del mundo real. Un tema en absoluto novedoso dentro del género de ciencia ficción pero que como es habitual, la serie consigue llevar varios pasos más allá de una manera deliciosamente perversa. Además del elemento puramente tecnológico, la trama se sitúa en un escenario en el que la crítica social adquiere multiples e interesantes aristas, reflejando temas como ese “bullying” casi imperceptible, constante y retorcido aplicado al mundo adulto que se produce generalmente en un entorno laboral y del que no se habla demasiado.

La mayor novedad que aporta el episodio a la serie es su tono cómico. A lo largo de su existencia, “Black Mirror” ha utilizado incontables tonos narrativos y enfoques diferentes para sus relatos pero nunca había utilizado la comedia de manera tan decidida y evidente como en esta ocasión. Contiene tantos giros de guión y sorpresas como impagables momentos humorísticos, lo que demuestra que aún quedan terrenos nuevos por explorar para la serie. Todo ello sin perder por un momento su especial habilidad para situar al espectador en una incomodísima gama de grises en la que cuesta adoptar una posición y en la que no es fácil distingir entre el bien y el mal. ¿Quienes son los héroes? ¿Y los villanos? La respuesta es todos y ninguno. Al fin y al cabo todos somos humanos cuyo reflejo en la pantalla siempre nos devuelve una parte negra. Muy negra.

Curiosidades:

  • La voz en off que puede escucharse al final del episodio resultará familiar a muchos seriéfilos. Solo hay que esperar a leer los créditos para conocer la identidad del actor responsable del simpático cameo.

“Black Mirror” Temporada 4 estará disponible al completo en Netflix a partir del próximo 29 de Diciembre.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando

@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

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