Crítica: “The Disaster Artist”


Dar la vuelta al calcetín.

A todo aquel que sea seguidor habitual de ese grandísimo programa radiofónico de la Cadena Ser llamado “La Vida Moderna” le resultarán de lo más familiar las recurrentes disertaciones a cargo de Ignatius Farray sobre el concepto y la misma esencia de la comedia. Un conjunto de tesis y alegatos tan descacharrantes como arrolladoramente lúcidos, capaces de otorgar un fascinante halo místico a esa extraña y caprichosa fuerza de la naturaleza presente en todo lo que nos rodea, que posee la habilidad de brotar del lugar más insospechado y que a la postre siempre acaba convirtiéndose en el único prisma válido desde donde observar este mundo absurdo y acercarnos a algo parecido a comprender lo incomprensible sin perecer en el intento.

“The Disaster Artist” y todo lo que subyace trás ella podría tomarse como perfecto ejemplo de dichas teorías, aplicadas a ese concepto tan etéreo, subjetivo e indescifrable como es el arte. A simple vista parece sorprendente que una comedia norteamericana dirigida por James Franco salga del Festival de San Sebastián con la Concha de Oro a la mejor película debajo del brazo y figure en todas las quinielas para alzarse con los más importantes reconocimientos de la temporada de premios pero es que, además de ser un trabajo particularmente inspirado dentro de su género, el film se las ingenia para crear un vínculo tan estrecho y especial con su material de origen que resulta imposible no caer rendido a una experiencia tan placentera.

No hay “The Disaster Artist” sin “The Room” y sin lugar a dudas la película de Franco contribuye, no solo a dar a conocer la obra perpetrada por Tommy Wiseau a un espectro de público mucho más amplio, si no que consigue hacerse imprescindible a la hora de asimilar, procesar y comprender uno de los fenómenos más inverosímiles de la historia reciente del séptimo arte. Casi como por arte de magia, las dos obras se complementan y se retroalimentan de una forma tan magistral que la experiencia completa funciona con la misma efectividad sin importar el orden en el que se vean.

Con permiso de la célebre restauración del Ecce Homo de Borja, no hay precedentes en toda la historia del arte en el que la más absoluta ausencia de talento haya sido capaz de hacer brotar la comedia en su estado más primigenio como en “The Room”. Estamos hablando de una obra que se ha ganado a pulso el calificativo de peor película de la historia a base de aglutinar el mayor número de decisiones equivocadas que jamás se ha visto en una pantalla. El despropósito es tal que hasta el mismo título y el cartel de la película están mal y es en ese mismo punto donde ese calcetín llamado arte comienza a darse la vuelta. ¿Qué probabilidades hay de fallar absolutamente en todo? Probablemente las mismas o incluso menos que acertar plenamente. ¿No hay algo muy parecido a la genialidad en conseguir generar lo completamente opuesto de lo que se pretende? Sea como sea, Tommy Wiseau intentó rendir tributo a su adorado Tennessee Williams por medio de un intenso melodrama y consiguió realizar una de las comedias involuntarias más memorables que se recuerdan de manera completamente inconsciente. Genialidad o máxima torpeza, dos conceptos situados a ambos extremos de una línea recta que a veces se convierte en un círculo y acaban tocándose y generando un mismo resultado: Convertirse en leyenda.

Por no saber, ni siquiera Wiseau era consciente de la intrínseca vís cómica de la suma de su peculiar personalidad y sus características físicas. Haciendo equilibrios entre los conceptos “reirse de” y “reirse con” (como la propia “The Room”) Franco edifica su película a partir de la fascinante figura de Wiseau. Añadiéndole un toque de misterio que engrandece su caracter de por sí legendario, Franco construye un memorable trabajo que supera los límites de la interpretación y se acerca más a una completa transmutación en el personaje. Se hace imprescindible más que nunca disfrutar, tanto de “The Room” como de “The Disaster Artist” en versión original para apreciar en toda su magnitud su milimétrica transformación.

Si el Franco actor resulta completamente arrollador, en su faceta como director establece una estructura que en sí misma aglutina las mayores virtudes cinematográficas del film. Asentando sus cimientos en la amistad entre Tommy Wiseau y Greg Sestero, la película es un constante crescendo cómico que se agiganta cuando la trama se sitúa en las entrañas del rodaje “The Room” hasta desembocar en el maravilloso clímax de su estreno. El realizador no puede evitar un marcado poso de comprensión, admiración, camaradería y ternura en la mirada hacia sus protagonistas. Dos románticos soñadores que, al igual que Ed Wood, se esforzaron al máximo por alcanzar su sueño. Las similitudes con el biopic dirigido por Tim Burton resultan bastante obvias aunque los tiempos han cambiado y, a diferencia de una época en la que primaba algo de inocencia, el sueño americano se nos presenta en la actualidad en una versión ligeramente pervertida en la que el dinero puede suplir la ausencia de habilidad y talento a la hora de alcanzar dicho sueño. Algo de lo más vigente en plena era Trump.

Aunque llega al circuito comercial casi sobre la bocina, “The Disaster Artist” es sin duda una de las experiencias cinematográficas del año y algo más que una simple película. Si como decía “The Disaster Artist” y “The Room” se retroalimentan y componen una experiencia completa, podemos llegar a una situación que llenaría de felicidad y daría la razón a Ignatius y a los que adorados y compartimos sus tesis. No sería nada descabellado que el film lograra hacerse con el galardón a la mejor película en la próxima ceremonia de los Oscars por lo que, aunque sea de rebote, a “The Room” le pertenecería buena parte del galardón. Es más, si se dan las circunstacias, incluso podríamos ver a Tommy Wiseau con esa dorada estatuilla reservada para unos pocos elegidos en sus manos, aunque sea solo por unos momentos. En ese instante el chiste será redondo y sublime, el calcetín del arte se abrá dado la vuelta por completo, la commedia habrá logrado una de sus victorias más memorables de la historia y Shiva la Destructora no podrá evitar una sonrisa de satisfacción desde su altar. ¿No sería maravilloso?

“The Disaster Artist” se estrena en España el 29 de Diciembre.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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2 comentarios sobre “Crítica: “The Disaster Artist”

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