Crítica: “La Forma del Agua”


“Amado Monstruo”

Llega un momento en la carrera de todo autor en el que una obra parece conseguir la mezcla perfectamente equilibrada de todos y cada uno de los elementos que a lo largo de los años se han ido convirtiendo en los signos de identidad de dicho autor. “La Forma del Agua”, y los múltiples reconocimientos que la avalan, nos llega como obra magna y punto álgido en la carrera como narrador cinematográfico de Guillermo del Toro, algo que el mismo cineasta ha admitido en repetidas ocasiones y que resulta fácilmente detectable por el espectador desde los primeros minutos, debido a la manera en la que el mexicano vuelve a manejar sus mensajes y sus obsesiones más recurrentes.

Cuando una obra aglutina de esta manera todas las señas identificativas de una carrera, suele decirse que el autor ha alcanzado el punto máximo de madurez y, en este caso particular, Del Toro interpreta como signo de dicha madurez adoptar la filosofía del “menos es más” y optar por un estilo más sencillo, claro y directo, bastante menos barroco en cuanto a narrativa que en ocasiones anteriores y apostando por una estructura de cuento clásico que termina por convertirse en su gran virtud y también en su peor problema.

Guardando bastantes similitudes con “El Laberinto del Fauno” (quizá su obra más rotunda hasta la fecha), Del Toro apuesta tanto por un cuento de estructura clásica y por un argumento tan extremadamente sencillo, que es inevitable que el factor sorpresa se resienta de manera notable y pueda catalogarse como un film bastante previsible. En un caso muy parecido al de “La La Land”, “La Forma del Agua” desprende tal aroma a clásico instantáneo del séptimo arte que es inevitable quedar prendado de su belleza. Es como presenciar por enésima vez el mismo cuento de siempre pero, al igual que el musical de Damien Chazelle, aderezado con altísimas dosis de puro e irresistible encanto.

Como la mencionada “El Laberinto del Fauno”, “La Forma del Agua” se sitúa en un periodo de alta inestabilidad social, con la Guerra Fría como telón de fondo y con el estamento militar como máxima representación de los males del mundo en su estado más puro. En esta tesitura y después de que la aparición de un elemento sobrenatural desestabilice la situación, Del Toro ejecuta su sencilla adaptación de “La Mujer y el Monstruo”, renunciando al clima de puro género de terror en el que suele moverse para crear una atmósfera con mucho más encanto por medio de tres herramientas principales: El diseño de producción, la música y los actores.

La partitura de Alexandre Desplat, en conjunto con una escenografía que adopta todo el atractivo visual de la década de los 60 estadounidense, crea una embriagadora y agradable atmósfera mucho más cercana a “Amélie” que al cine de terror de la Hammer, coronada por la cercana y entrañable relación entre los personajes que interpreta el trío Hawkins-Jenkins-Spencer, que hace alcanzar al film sus más altas cotas de sentido del humor y pura humanidad. Mención aparte merece el villano interpretado por un cada vez más descomunal Michael Shannon, al que Del Toro reserva un desarrollo ejemplar y riquísimo en matices.

Además del irresistible apartado estético y de lo poético de cada una de sus imágenes, esta historia sobre la soledad y el amor más allá de lo comprensible guarda otro detalle de lo más chocante en su manera, no solo de no escamotear las connotaciones sexuales de la relación entre mujer y criatura, si no de hacerlo muy presente como una importante pieza más del romance de manera elegante y exquisitamente natural.

Creará debate sobre si és o no la gran obra maestra de Guillermo del Toro, ya que su sencillez y clasicísmo canónico le resta originalidad y capacidad de sorpresa al conjunto. Esto crea una paradoja en la que lo que más juega en su contra es a la postre lo que la convierte en más “premiable”, si tenemos en cuenta la tendencia de retorno a las raices clásicas que siempre han enamorado a los académicos más puristas. Sea como sea, a poquito que se conecte con el alma de la película, la experiencia para el espectador es una absoluta delicia rebosante de encanto, belleza y pura magia, que al fin y al cabo es lo que más importa.

“La Forma del Agua” se estrena en España el 16 de Febrero.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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