Crítica: “Deadpool 2”


El bufón orgulloso

Si la irrupción de Deadpool en el panorama cinematográfico se produjo de manera oportuna en un momento en el que el cine de superhéroes comenzaba a mostrar evidentes signos de saturación y agotamiento, la llegada de su secuela cuando aún resuenan los ecos de “Infinity War” y su casi unánime aceptación como cumbre del tebeo filmado invita a reflexionar sobre ese sub-género relativamente joven que monopoliza las salas de exhibición como única alternativa segura y viable para mantener económicamente una industria en acuciante crisis de ideas.

Deadpool llegó como un soplo de aire fresco para, al igual que en sus aventuras impresas, transgredir las convenciones y los rígidos esquemas de un género sobreexplotado. La idea y la ejecución a la hora de basarlo todo en la párodia no es ni mucho menos rompedora y novedosa, pero al menos consigue transmitir la sensación de ser algo completamente diferente, que en estos días no es poco.

Lo primero que hay que decir de “Deadpool 2” es que ante todo es una secuela extremadamente fiel. Todos los defectos y virtudes de su predecesora son perfectamente aplicables a ella con levísimas diferencias. El presupuesto ha crecido pero solo se deja notar en la mayor abundancia y espectacularidad de set-pieces de acción, ya que sus creadores han optado de manera deliverada (y es uno de los mayores aciertos de la película) por mantener la misma apariencia de película a pequeña escala, casi marginal, que otorgaba gran parte de su encanto a la primera entrega.

Lo que no ha cambiado en absoluto y está más presente que nunca desde el primero hasta el último segundo es el hecho de que Ryan Reynolds es la película. Absolutamente todo funciona y se mueve a través de él y del personaje del que se ha apoderado por completo de manera aplastante y arrolladora, a kilómetros y kilómetros de distancia por encima de un nutrido grupo de personajes secundarios (tanto los nuevos como los ya conocidos) únicamente dedicados a ponerle en bandeja cada chiste y réplica ingeniosa. Esto afecta de manera especial a Cable, destinado a ser una de las grandes atracciones de la secuela y sobre el que acaba recayendo únicamente (al igual que en las páginas del cómic) la ingrata labor de funcionar como contrapunto serio dentro del desmadre generalizado.

El propio Reynolds ha declarado en diversas ocasiones que no ve en “Deadpool” una franquicia de largo recorrido, algo que esta secuela deja bastante patente ya que, aunque aparenta presentar una historia algo más trabajada que la anterior, rápidamente queda de manifiesto que su trama es igual de endeble y únicamente actúa como justificación de los actos de su protagonista y aportarle el punto de ternura suficiente basado en su historia amorosa (al igual que en la primera entrega) para que el personaje no resulte extremadamente desagradable. El resto, salvo la sorprendente aparición de un ilustre mutante que deja como regalo para fans uno de los duelos más míticos de las viñetas, se reduce a una avalancha gigantesca y continua de chistes y gags.

Como toda comedia basada en el gag, “Deadpool” comparte con su predecesora una enorme dependencia de la sorpresa y la paradoja de ser una experiencia extremadamente divertida que pierde muchísimos enteros en un segundo visionado, pero su vocación es clara y va absolutamente con todo para que las risas no paren. Hay chistes para todos los gustos. El Universo Mutante y los X-Men en particular siguen siendo uno de los objetivos principales para la mofa y la parodia y las referencias a la cultura popular musical y cinematográfica siguen siendo un campo abonado del que surgen la mayoría de réplicas ingeniosas del mercenario bocazas. Hay violencia grotesca y absurda a mansalva, chistes algo forzados, continuistas que expanden bromas de la anterior entrega y algunos realmente sublimes como toda la escena que implica a los X-Force o una escena post-créditos directamente gloriosa. Todo por la risa y por reafirmar al personaje como el bufón oficial del género cinematográfico por excelencia en la actualidad.

Los mismos títulos de crédito iniciales al más puro estilo James Bond son un recurso cómico que ya habíamos visto por estos lares en la segunda parte de “Torrente” y es que, al fin y al cabo, la única vocación de Deadpool es ser al género de superhéroes lo que Torrente al policiaco: La visión distorsionada y satirizada (y muy rentable) a manos de un bufón orgulloso de su función.

“Secuela conservadora” y “Más de lo mismo” o “Fiel a sí misma” y “Da lo que promete”, “Deadpool 2” no es una excepción dentro del eterno dilema frente a las segundas partes. Un obstáculo que a priori depende exclusivamente de la actitud del espectador y que el film consigue solventar de manera sobrada por medio de las que al fin y al cabo son sus únicas armas: la carcajada y la pura diversión.

“Deadpool 2” se estrena en España el 18 de Mayo.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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