Crítica: “Christopher Robin”


Dígalo con peluches

Que dos superproducciones de la talla y presupuesto de “Un Pliegue en el Tiempo” o “Christopher Robin” se consideren los estrenos “pequeños” de Disney para este año es una prueba más del avasallador dominio de la compañía del ratón en el negocio del entretenimiento.

En su hoja de ruta, el estudio tiene tiempo, recursos, medios y seguridad para afrontar proyectos con un punto más de riesgo como la cinta protagonizada por Oprah Winfrey o, como en este caso, reivindicar las señas de identidad de la marca con la revisitación de sus personajes más clásicos, sin la constante y autoimpuesta voluntad de reventar las taquillas de todo el mundo que acompañan a los estrenos dentro de los sellos Marvel y Lucasfilm o sus divisiones de animación.

“Christopher Robin” parte de la premisa de otorgar una visión moderna al osito Winnie the Pooh y el resto de habitantes del Bosque de los Cien Acres creados por Alan Alexander Milne, unos personajes situados históricamente en un plano más secundario respecto al resto de iconos Disney, pero que han conseguido mantener a lo largo de los años su pequeña parcela dentro del imaginario popular.

A diferencia del film ajeno a Disney protagonizado por Domhnall Gleeson y Margot Robbie “Adiós, Christopher Robin”, que se centraba en la figura de Milne, la nueva película ambientada en su universo fija la mirada en su hijo Christopher como receptor e inspirador de dicho mundo de fantasía, alejándose por completo del biopic y convirtiéndolo en protagonista de una historia puramente fantástica. La historia real es bastante menos poética, ya que la obra de Milne se convirtió en un clásico de la literatura británica y la decisión de convertir a su hijo en el protagonista afectó bastante a Christopher durante su infancia y no precisamente para bien.

Con estos mimbres, la película logra convertirse en un respetuosísimo homenaje a la creación de Milne, como demuestra sin ir más lejos el cuidadísimo diseño de los personajes, mezcla perfecta entre el aspecto de sus clásicas versiones animadas y de los auténticos peluches de Christopher que sirvieron como inspiración original, así como el detalle de convertir a los dos animales que Milne añadió como cosecha propia en un buho y un conejo reales animados por ordenador y no como dos peluches más. La voluntad de homenajear y ajustarse al máximo al espíritu original se extiende también a la participación de Jim Cummings (voz de Winnie the Pooh y Tigger en los films de animación desde 1988) que repite su labor, así como Brad Garrett, que vuelve a prestar su voz al burrito Eeyore después de doblarlo en los libros animados publicados por Disney.

Amparado en un bello diseño de producción con irresistible toque de encanto británico, el film desarrolla una trama extraordinariamente sencilla y bastantes veces vista sobre la pérdida y recuperación de la infancia. Bebiendo directamente del “Hook” de Spielberg, “Christopher Robin” se revela como una reinterpretación menos ambiciosa y mucho más ligera de la progresiva pérdida de la inocencia y la imaginación, con un desnaturalizado mundo empresarial como principal antagonista y perverso símbolo de la conversión en adulto.

Dicha pretensión de ligereza e incluso simpleza en el tono de la historia y el elevado ritmo al que se desarrolla, puede dejar la sensación de que la evolución y conversión del personaje principal se produzca de manera algo acelerada, aunque no sea del todo cierto. De la misma manera, a nivel estructural la película parece en algunos momentos haber dejado parte de su metraje en el suelo de la sala de montaje en lo que respecta a personajes secundarios como ese vecino pesado que aporta más bien poco o al aparente desaprovechamiento de una actriz de la talla de Hayley Atwell, con menos minutos en pantalla de lo que la importancia de su papel podría requerir. Estos detalles hacen descansar la película por completo sobre los hombros de un estupendo Ewan McGregor y de unos peluches absolutamente encantadores que se apoderan por completo de la historia y a la postre son la mayor atracción y el mayor acierto del film, especialmente el adorable Pooh.

Glotón, torpe, cariñoso, simplón, “apachorrado” y abrazable hasta el extremo. Todas las características y particularidades del osito amarillo están reflejadas a la perfección y amplificadas de manera exponencial con un toque de melancolía y desamparo que desarman por completo al más arisco de los humanos.

Demostrando una vez más los niveles en lo que se mueve Disney en la actualidad, su propuesta más “pequeñita” para este año es una película para toda la familia sencilla, directa y efectiva, ajustada a sus altos estándares de producción e ideal para incentivar la venta de peluches, que nunca viene mal.

“Christopher Robin” se estrena en España el 5 de Octubre.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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