Crítica: “Malos Tiempos en el Royale”


Radiante y convulsa América

Que en tu currículum como guionista figuren series de televisión como “Buffy”, “Ángel”, “Alias”, “Lost” y “Daredevil” o largometrajes tan influyentes durante la presente década como “Cloverfield”, “Guerra Mundial Z” y “The Martian”, supone sin duda un estímulo más que suficiente para, como mínimo, lograr fijar la atención de manera poderosa en cada nuevo proyecto que afrontes.

Arropado bajo el manto protector del nuevo Rey Midas J.J. Abrams, Drew Goddard puede enorgullecerse de haberse convertido en uno de los primeros guionistas estrella de comienzos de siglo dentro de la industria de Hollywood, además de sorprender de manera muy grata con un debut en la dirección de largometrajes convertido casi de manera instantánea en película de culto. Según propias declaraciones del realizador, trás haber jugueteado de manera perversa e ingeniosa con los fundamentos y mecanismos del género de terror en la estupenda “The Cabin in the Woods”, el cuerpo le pedía a la hora de afrontar su segunda película alejarse de efectos especiales y complejas planificaciones para encargarse de contar una historia cuya base simplemente consistiera en un grupo de personajes encerrados en un sitio charlando. Esa sencilla premisa se convertiría en el germen de “Malos Tiempos en el Royale”.

Enmarcándose dentro de su género favorito, el director y guionista realiza su particular homenaje al cine negro colocando a siete desconocidos que llegan el mismo día del año 1968 para alojarse por una noche en El Royale, un hotel cuya mejor época forma parte del pasado situado en el Lago Tahoe e inspirado en el célebre Cal Neva Resort and Casino, propiedad de Frank Sinatra.

Goddard se ha curtido como guionista y como tal, el guión y la construcción de los personajes es la piedra angular y la principal herramienta para desarrollar la historia, por eso sorprende de manera muy grata que, lejos del uso puramente funcional de la cámara que podrían sugerir sus propias intenciones iniciales, el film haga gala de una poderísima impronta audiovisual. Su auténtica alma reside en una maravillosa habilidad a la hora de dosificar la información cuyo resultado es un elenco de personajes que piden una película entera para ellos solos, desde el primero hasta el último. Incluso con todas las cartas sobre la mesa, persisten las ganas de continuar profundizando y conocer más y más sobre ellos, algo que por sí solo vale el precio de una entrada, pero la película además muestra a alguien que sabe muy bien lo que se hace con la cámara. Ya sea dejándola completamente fija y estática en el magnífico prólogo o jugando de manera magistral con el punto de vista (el tramo central del film se dedica casi en exclusiva a ello), Goddard se desenvuelve a las mil maravillas también en la narrativa puramente visual, que utiliza para confeccionar el retrato del propio hotel como uno más de los personajes. Suena a tópico pero es así. El Royale es el octavo pasajero de este particular viaje gracias a un soberbio trabajo de manejo de los espacios que nos descubre que sus muros ocultan tantos secretos como cada uno de los protagonistas.

Para redondear el apartado técnico, un fantástico trabajo de fotografía y una estupenda selección musical de la época que complementa la partitura original de Giacchino y una pista de efectos de sonido de disfrute obligado en una sala bien equipada para poder apreciar en todo su esplendor la inmersiva experiencia sensorial que ofrece.

Es cierto que la película recuerda de manera evidente e inevitable al cine de Tarantino, de hecho casi podría considerarse un trasunto de “Los Odiosos Ocho” con la que comparte muchísimos puntos en común, tanto en estructura y desarrollo como en su fondo. Precisamente la comparación entre ellas es un ejercicio de lo más práctico a la hora de dejar en evidencia algunos de los posibles aciertos y carencias del film. Goddard no alcanza la excelencia de Tarantino en la construcción de los diálogos y esto repercute en que en ciertos momentos sus 141 minutos de metraje se hagan largos. Por contra, va muchos pasos más allá cuando se encarga de ejercer como radiografía de la sociedad estadounidense en un periodo de tiempo muy determinado, algo que también comparten ambas películas de manera subyacente pero que en “Malos Tiempos en el Royale” emerge de manera más potente hasta el punto de acabar convirtiéndose en su misma esencia.

La proliferación de las drogas, la paranoia de la Guerra Fría, la resaca de Vietnam, el auge del hippismo y de nuevos cultos y sectas o la tensión racial latente forman parte del retrato de una América tan luminosa en su fachada como convulsa y desquiciada en plena transición entre décadas. Esta es una las principales dicotomías de las muchas con las que juega la trama. Apariencia y realidad, crimen y castigo, pecado y redención, convergen en ese hotel que no deja de ser una dicotomía en sí mismo, situado justo en la frontera de dos estados tan contrapuestos en su esencia como Nevada y California.

Volviendo a los personajes, dicho retrato fluye a través de ellos y potencian las prestaciones de un reparto de auténtico lujo. Tanto los nombres consagrados como las caras relativamente nuevas lucen a un nivel altísimo, desde un Jeff Bridges al que la edad ha convertido en una presencia poderosa a la altura de las más grandes de la historia además de seguir un actor sublime, pasando por un Jon Hamm pletórico que sigue sumando aciertos a su filmografía y consiguiendo pasito a pasito separar su imagen del icónico Don Draper de “Mad Men”, Dakota Johnson explorando un rol radicalmente alejado de la trilogía que le ha dado fama mundial, los semidesconocidos Cynthia Erivo, Cailee Spaeny y el hijo de Bill Pullman, Lewis aprovechando a fondo unos personajes potentísimos, hasta llegar a Chris Hemsworth que está magnético y moderadamente contenido en un papel con el que hubiese sencillo caer en el exceso y que cumple como una de las grandes atracciones de la película.

Puede que una pizca de exceso de metraje y un tercio final algo más convencional de lo que podría esperarse eviten un resultado global más rotundo, pero pasar la noche en El Royale es una de las experiencias más gratificantes de este año cinematográfico a punto de echar el cierre.

“Malos Tiempos en el Royale” se estrena en España el 16 de Noviembre.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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