Crítica: «The Knick» Temporada 1

¿Qué me pasa, Doctor? Por Oscar De La Cruz

¿Los artistas eligen sus proyectos o son los proyectos los que eligen a los artistas?. Por un lado tenemos a Steven Soderbergh en su enésimo intento de retirarse de la dirección cinematográfica y por otro a Clive Owen. El actor declaró en alguna entrevista su preferencia por medios como el cine y el teatro por delante de la televisión, ya que el trabajo en una serie implica un compromiso prolongado y cierto riesgo de encasillamiento. Pero cuando un guión de tal calidad te cae del cielo todas las convicciones quedan relegadas a un segundo plano.

El libreto escrito por Jack Amiel, Michael Begler y Steven Katz llegó a las manos de Soderbergh y no solo postpuso su retiro y se animó a volver a dirigir, el mismo ejerció de operador de cámara, de editor y productor ejecutivo. El primer nombre que vino a su mente para encarnar al doctor John Thackery fué el de Clive Owen y empezó el proceso para convencerlo. A Owen solo le hizo falta una lectura del guión para embarcarse en una serie de televisión, implicándose también en la producción ejecutiva.

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Así, casi sin buscarlo resulta que acabamos encontrándonos con la obra maestra de Steven Soderbergh y el mejor trabajo interpretativo de Clive Owen hasta la fecha. «The Knick» nos devuelve al Soderbergh cronista implacable, el que disfruta y hace disfrutar poniendo encima de la mesa un tema complejo y desarrollándolo hasta sus últimas consecuencias desde el punto de vista de cada elemento afectado en mayor o menor medida. En «Traffic», quizá su obra más redonda hasta la fecha, enfocó su mirada al peliagudo tema del tráfico de drogas centrándolo en tres frentes: el entorno que se ocupa de dicho tráfico, la labor policial que lucha infructuosamente por evitarlo y el efecto causado en una familia por el consumo. Después intentó rizar el rizo en la fallida «Contagio» donde esta vez, intentando mostrar la repercusión de la propagación de un virus, el abanico de puntos de vista se multiplicó y la cantidad de personajes y la sobredosis de información en el tiempo que dura un largometraje fué un lastre para la película.

El formato televisivo ha sido un regalo para el Soderbergh cronista porque «The Knick» es más una película de 10 horas que una serie propiamente dicha y no solo es el retrato de un hospital y los seres humanos que trabajan en el. Es una descripción magnífica de los inicios de la medicina moderna, siempre bordeando peligrosamente las fronteras de la ética, tema tan interesante como poca veces relatado en el medio audiovisual, y además es un completísimo retrato social del Nueva York de principios de siglo.

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La historia nos introduce en el hospital Knickerbocker de Nueva York en el año 1900. Allí trabaja el doctor John Thackery. Médico brillante, de personalidad áspera, con un ego descomunal y una vida miserable vertebrada únicamente por su trabajo y una progresiva adicción a la cocaina que alcanza el puesto de jefe de cirugía. Su dedicación obsesiva y su talento le conducen a conseguir notables descubrimientos y avances en la forma de ejercer la medicina. Esa es precisamente la base de la serie y donde resulta entretenidísima y tremendamente didáctica. El trabajo de documentación y la precisión en el detalle para mostrarnos el funcionamiento de un hospital de principios de siglo es gigantesco. Un maravilloso diseño de producción que alcanza su apogeo en las escenas de quirófano donde descubrimos el instrumental quirúrgico de la época y sus aplicaciones con todo detalle.

Es dificil encontrar algún apartado técnico que no sea sobresaliente en «The Knick». Decorados, vehículos, atrezzo y muy en particular el espectacular trabajo de vestuario de la prestigiosa Ellen Mirojnick nos introduce literalmente en la época. La fotografía huye de los tonos cálidos y se nos muestra apagada y oscura. Tonos lúgubres para tiempos lúgubres con el único contraste del «circo» como se denominaba al quirófano, como si fuese un metafórico atisbo de luz entre las sombras de la ignorancia humana. En dicho quirófano se nos muestran las operaciones de manera cruda y directa, no apta para estómagos delicados. Incluso los recursos estilísticos más arriesgados por «modernos» como son la utilización casi permanente de la cámara en mano y la música electrónica de la banda sonora de Cliff Martinez, que podrían desentonar en una producción de época, no solo no lo hacen, sino que dotan a la serie de una personalidad arrolladora.

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Diálogos fantásticos en un guión ejemplar en cuanto a desarrollo de personajes, muy bien interpretados por el elenco secundario (enormes André Holland y Juliet Rylance) donde se relacionan e interactúan tanto dentro del hospital como fuera de él para mostrarnos el papel marginal de la mujer en aquella época, el problema de la inmigración masiva, la diferencia de clases, el racismo arraigadísimo en la sociedad neoyorquina, el poder de la iglesia, las organizaciones mafiosas, el caos político y económico, la revolución tecnológica o cuestiones tan atemporales como el aborto o la adicción a las drogas. Nada queda fuera de la fotografía que nos muestra Soderbergh.

Sin duda la sensación de esta temporada. Espectacular vuelta de tuerca al género del drama médico que seguramente arrasará en la próxima edición de los Emmy, sobre todo en el apartado técnico, que coloca a Cinemax como uno de los canales a tener muy en cuenta y de la que además podremos disfrutar de 10 nuevos capítulos en su segunda temporada. Imperdonable perdérsela.

Puedes ver «The Knick» en Canal + Series y en Yomvi.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

3 comentarios en “Crítica: «The Knick» Temporada 1

  1. Increíble esta serie, la disfruté a cada momento. Me hizo acordar a House (un médico adicto ja). La terminé de ver y quedé loco

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