Crítica: «Relatos Salvajes»

«Fábulas de la Catarsis» por Oscar De La Cruz

Más que un tratado sobre la violencia y la involución hacia nuestros instintos mas primarios, que pudiera parecer a priori, la palabra clave que define «Relatos Salvajes» es catarsis. Catarsis del espectador a través los personajes que cruzan la frontera de las normas de la civilización que nos asfixian y con los que es imposible no empatizar. La sensación con la que el espectador abandona la sala es sumamente placentera, simplemente por el hecho de ver sus fantasías reflejadas en imágenes. Eso hace que la película funcione como un tiro. Eso y muchas virtudes más, siendo la principal de ellas que es rabiosamente divertida.

Los personajes de cada una de las historias de la cinta de Damián Szifrón componen un completísimo mural que retrata la humillación del ser humano oprimido en casi todos los ámbitos posibles de la sociedad. La lucha de clases, las presiones sociales, la corrupción, la burocracia dictatorial o instituciones como el matrimonio o la familia no escapan del punto de mira de la cámara en una radiografía de la sociedad argentina, trístemente extrapolable a la nuestra y a la de gran parte del mundo en que habitamos.

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Dicha humillación es la que hace rebosar el vaso de la paciencia y la que actúa como detonante en cada una de las historias. Y efectivamente esa catarsis se produce en forma de violencia en muchas de las historias, pero no en todas, lo que es de agradecer ya que el proyecto podría haber caido facilmente en un espectáculo efectista y gratuito. Afortunadamente eso no ocurre y la mala leche que destila el film avanza acompañada con un sentido del humor delicioso, irónico y sutil, con auténtica denominación de origen argentina.

Szifrón logra una película magnífica a través de un enorme esfuerzo en el que consigue dar entidad y personalidad propia a cada segmento alternando estilos diferentes de dirección jugando con la cámara y la fotografía. El apartado técnico luce espectacular gracias a un uso acertadísimo y sutil de los efectos especiales y de una pista de sonido espectacular en cuanto a calidad coronada por la soberbia banda sonora compuesta por Gustavo Santaolalla, en la que destaca especialmente el tema principal que suena en los créditos iniciales y finales, y que recuerda al mejor Morricone. Si a todo ello le sumamos un reparto encabezado por la flor y nata de la cinematografía argentina el acabado a nivel de producción no puede quedarse mas cerca de la perfección.

Si se queda a un solo peldaño de ser una obra maestra es porque, si bien explota con acierto casi todas las ventajas de una antología dividida en episodios independientes, no supera algunas dificultades intrínsecas a dicho modo de narración. Es muy dificil conseguir el equilibrio perfecto y es casi inevitable que unos relatos resulten mas irregulares que otros.

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El film lo abre «Pasternak» una breve, negrísima y divertida pieza repleta de ironía y mala leche que, sumado a los títulos de crédito a los que da paso tras un plano antológico, componen una directa y contundente declaración de intenciones. Tras ello otro breve segmento situado en un bar de carretera que quizá peca de simple para dar paso al relato más redondo, protagonizado por Leonardo Sbaraglia. El conflicto en la carretera que a priori puede resultar absurdo, pero que esconde una metáfora devastadora sobre la lucha de clases, es un soberbio ejercicio de pulso en la dirección y de tensión «in crescendo» resuelto con un final perfecto.

El propio Damián Szifrón ha admitido que la base de la inspiración para su película fué «Cuentos Asombrosos». La serie de Spielberg, al igual que otras del estilo como «Creepshow» o «Alfred Hitchcock Presenta» se caracterizaban por rematar sus relatos con finales perfectos. Salvo la pieza inicial y dicho episodio de Sbaraglia, al resto de segmentos les falta un remate más redondo. Prueba de ello es el siguiente, protagonizado por Ricardo Darín, en el que la ovación de la sala se produjo a mitad del relato.

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La historia del ingeniero, a pesar de ser la más larga del film, deja con ganas de más. La trama da para un largometraje y nos quedamos con más ganas de Darín, simplemente excelso. El nivel interpretativo que ha alcanzado a la hora de encarnar al hombre de a pie solo lo logran Tom Hanks y poquitos más en el mundo.

El último tercio del film lo protagonizan los esqueletos en el armario de una hipócrita burguesía en dos historias, la del accidente y la de la boda, quizá un poco alargadas en su trama, pero rayando a gran altura en ingenio y provocación, protagonizadas por un sobrio Oscar Martinez y una increible Érica Rivas que muestra su versatilidad en la montaña rusa de emociones por el que pasa su personaje de recién casada.

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Divertidísima, provocadora, contundente, negrísima, necesaria y terapeútica. Todos podemos sentirnos como Pasternak en algún momento, casi todos nos hemos creido los amos de la carretera alguna vez y todos, absolutamente todos somos «Bombita».

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

4 comentarios en “Crítica: «Relatos Salvajes»

  1. Totalmente de acuerdo con la crítica. Una película necesaria para dar una chispa de humor negro a nuestras vidas, a veces muy cercana a alguna de las historias de la película….

  2. Creo muy acertada la crítica, hacía tiempo que no pasaba un momento tan bueno viendo una película, absolutamente recomendable.

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