Crítica: «Del Revés» (Inside Out)

«Dedicada a nuestros hijos. Por favor, no crezcáis nunca» por Oscar De La Cruz

Pixar ha decidido utilizar la fórmula del «Menos es más» para su regreso triunfal a la excelencia cinematográfica. Contrariamente a la tendencia del cine de animación de nuestros días de intentar ofrecer un espectáculo cada vez más gigantesco y apabullante visualmente, que aproveche al máximo la evolución constante de los medios informáticos, la compañía del flexo opta en esta ocasión por desarrollar su nuevo proyecto bajo la bandera de la sencillez, plenamente consciente y convencida de la extraordinaria grandeza y potencia de su mensaje.

Una sencillez que abarca desde la duración de su metraje (94 minutos) al limitado número de personajes, pasando por una minimalista concepción visual. Incluso el cortometraje que precede a la proyección de la película parte de un planteamiento extramadamente simple: un mini-musical que utiliza dos voces y un ukelele para narrar una historia de amor tan básica como extraordinariamente bella.

A estas alturas la perfección de la fórmula utilizada por Disney y Pixar para manufacturar productos destinados a un público de cualquier edad es de sobra conocida y a nadie puede sorprenderle que «Inside Out» funcione maravillosamente en todos y cada uno de los niveles que explora. Es una magnífica comedia, con un espectacular sentido del ritmo que entremezcla de manera fluida los gags para niños con inteligentísimos chistes para adultos, siempre explotando al máximo su metafórica premisa inicial y funciona con la misma extraordinaria fluidez cuando la película decide ser un film de aventuras. De nuevo una extremada sencillez de planteamiento (Regresar del punto B al punto A) sirve para implementar las escenas de acción a la vez que asistimos a una fascinante visita guiada a través de la mente de Riley y su funcionamiento.

Un colorista universo interior, en contraste con un San Francisco gris y deprimente, es el escenario donde se desarrolla la odisea de Alegría, protagonista total y absoluta de la función (Majestuoso trabajo vocal de Amy Poehler llevando sobre sus hombros todo el peso del film), que se apoya de manera puntual en el original personaje que sirve como guía y en Tristeza, auténtico detonante de la trama, dejando al resto de emociones como efectivos alivios cómicos. Todo ello acompañado por la enésima demostración de genialidad de Michael Giacchino. Disney parece haberse agarrado con fuerza al talento del extraordinario compositor y haría bien en no soltarlo, porque cada nuevo trabajo suyo se convierte de manera automática en una maravillosa partitura para el recuerdo.

Todo lo mencionado no es más que una reiteración de los grandes valores ya vistos en las mejores piezas que componen la filmografía de Pixar, pero la grandeza de «Inside Out» reside en ir varios pasos más allá. En la memoria del espectador ya talludito siempre quedará el magnífico retrato de la soledad en la tercera edad del prólogo de «Up», la reflexión sobre la sociedad que encerraba «Wall-E» o las extremas dificultades de la paternidad reflejadas en «Buscando a Nemo». Potentísimos mensajes y reflexiones vitales administrados a base de puro cine con mayúsculas, en pequeñas píldoras para ese espectador mayor de edad y que pueden pasar en un momento dado totalmente desapercibidas para los niños, que generalmente terminan engullidas por la acción, la aventura y el entretenimiento, objetivo prioritario del género.

En esta ocasión y por primera vez en la historia de la compañía, la balanza se desequilibra hacia el otro lado dando lugar a su film más adulto con diferencia. «Inside Out» llega donde no se atrevió a llegar «Toy Story 3» a la hora de mostrarnos uno de los más importantes puntos de inflexión en la vida de todo ser humano, utilizado esta vez como motor principal de la trama y desarrollado hasta sus últimas consecuencias hasta desembocar en una escena final devastadora dramática, con un punto de amargura y resignación nunca vistas hasta ahora en un film de estas características. Apenas unos segundos, sin diálogo. Únicamente una mirada y un simbólico gesto que lo dicen absolutamente todo en un breve instante que contiene más emoción que las tres horas de metraje de «Boyhood».

Que nadie se alarme porque a pesar de todo esto sigue siendo Disney. El triste final está habilmente maquillado, lo suficiente para que todo espectador salga de la sala con una sonrisa en la cara. Los peques se lo pasarán de maravilla aunque no sean capaz de asimilarla, sencillamente porque aún no les ha llegado ese momento. El mensaje queda para los mayores, que lo han vivido en carnes propias y lo habrán experimentado o estarán a punto de hacerlo por segunda vez en el caso de ser padres. Mucho más si atendemos a la frase que titula este artículo y que aparece al final de los títulos de crédito. Una desesperada súplica, trístemente inalcanzable.

La nueva obra maestra de Pixar es una película perfectamente equilibrada, directa, inteligente, divertida, emocionante y, aunque todavía nos queda casi medio año de cine por descubrir, todo apunta a que el Oscar a la mejor película de animación puede quedarse muy corto como reconocimento a todo lo que contiene. Una experiencia cinematográfica maravillosa  y absolutamente imprescindible.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

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