Crítica: “Deadpool”


“Es Deadpool!” por Oscar De La Cruz

Todo tiene su momento y con total seguridad un proyecto de las características de “Deadpool” hubiese sido impensable hace unos años, cuando Disney adquiría Marvel y emprendía el proyecto de convertir su universo en la máquina definitiva de fabricar dinero. Masacre, como se le conoce en España, era un personaje minoritario, casi de culto, inclasificable dentro de los estándares del comic de superhéroes y el último de la lista a considerar para protagonizar una franquicia de éxito en el extremadamente conservador Hollywood actual, en el que limitar una adaptación de este estilo a un público mayor de 18 años es considerado prácticamente un suicidio a nivel de taquilla.

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Es cierto que la lluvia de millones de dólares generadas por “Iron Man”, “Los Vengadores” y todas las superproducciones bajo el amparo de Disney son un respaldo más que suficiente para explorar nuevas fórmulas, géneros y tonalidades dentro del interminable material de base con que cuenta la propia Marvel. Las adaptaciones de Netflix “Daredevil” y “Jessica Jones” ha sido la prueba definitiva de que hay vida más allá de llenar las salas con públicos de todas las edades y que un producto basado en un comic exclusivamente destinado a una audiencia adulta puede ser un éxito rotundo y absoluto. Con todo ello, el paso definitivo para que Marvel se ría de sí misma y pulse el botón de encendido de la transgresora bola de demolición que arrasa con su propia fórmula establecida es mérito de la cabezonería del director de la cinta, Tim Miller y sobre todo de Ryan Reynolds, auténtico alma y artífice del proyecto.

Como os contamos en su día, Miller (director de la compañía de efectos especiales Blur FX) publicó en Internet un montaje de prueba con Reynolds poniéndo voz al personaje que entusiasmó a los fans por su fidelidad al Deadpool de las viñetas frente a la versión completamente desvirtuada que el propio Reynolds encarnaba en “X-Men Orígenes: Lobezno”. Dicha insistencia, un amor incondicional hacia el personaje y una de las campañas de publicidad más agresivas y divertidas que se recuerdan dan como resultado 135 millones de dólares de recaudación en su primer fin de semana en Estados Unidos, superando las cifras recaudadas por “Cincuenta Sombras de Grey” el mismo fin de semana del pasado año. “Deadpool” se convierte así en la película con calificación R más taquillera de la historia en su fin de semana de estreno, lo que la convierte en un éxito de lo más rentable teniendo en cuenta que su presupuesto es de tan solo 58 millones de dólares, el más bajo hasta el momento de una adaptación Marvel.

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Paradójicamente el personaje más marginal de Marvel puede acabar protagonizando una de las franquicias más lucrativas de su historia, pero más allá de cifras el mayor triunfo de Ryan Reynolds es haber encontrado su personaje y su lugar definitivo como superhéroe de acción trás numeros intentos infructuosos. Si Robert Downey Jr. hizo suyo a Tony Stark hasta el punto de que sea inimaginable otro actor con la armadura de Iron Man, Ryan Reynolds ES Deadpool.

Vamos al turrón. Cualquier duda del fan sobre si la película se reprime en algún momento a la hora de adaptar el espíritu del personaje queda despejada por completo durante la magnífica escena de créditos. “Deadpool” se estructura durante su primera mitad en la ya célebre escena de la autopista que mostraba el metraje de prueba en Internet a la que homenajea por completo, “Angel of the Morning” incluido. Toda una declaración de intenciones y un tributo al origen del proyecto que les dice a los fans que lo apoyaron con su entusiasmo: “Si esto os gustó tanto, os lo ofrecemos corregido y aumentado”. Una vez que la escena en la que se intercalan flashbacks que muestran el origen de los poderes del personaje termina, queda al descubierto la total ausencia de algo mínimamente parecido a un guión. La trama en sí es sumamente convencional, incluso absurda a poco que se intente analizar y sin embargo la película consigue mantenerse a flote contra todo pronóstico, únicamente a base de chistes. Tira de la versión más trillada y simplona de los manuales del género porque en realidad nunca quiere ser una película de superhéroes si no parodiarlas y en ningún momento pierde su vocación de comedia, gobernada por un showman en el que confía ciegamente.

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La presencia de Reynolds es tan arrolladora que deja poco espacio para todo lo demás. Ed Skrein aporta una pequeña dosis extra de sadismo a un villano bastante común, de la misma manera que T.J. Miller y Gina Carano encarnan los arquetipos de amigo gracioso del héroe y sicario malvado respectivamente. La naturaleza predominantemente sexual de su relación convierten al personaje de Morena Baccarin en un objeto romántico algo diferente a lo habitual, pero sin duda el secundario más destacado es Coloso, que parece haber terminado de encontrar su ubicación dentro del universo X-Men como entrañable personaje cómico que perfectamente podría presentar una versión de “Hermano Mayor” para superhéroes problemáticos.

Decidido el género en el que prefiere englobarse, “Deadpool” es una comedia que prefiere pecar por exceso en lugar de quedarse corta en cuanto a espíritu transgresor. La violencia es tan explícita como divertida, el tono y la cantidad de referencias sexuales es incluso mayor de lo esperado y hará que algún padre desinformado (los habrá) que lleve a sus críos a ver la nueva de Marvel huyan escandalizados de la sala. Mujeres, adolescentes, ancianas, británicos… nadie sale indemne del particular sentido del humor del verborreico mercenario. Otro punto para Reynolds el aportar las dosis de encanto y carisma suficientes para terminar haciendo adorable a un personaje que en definitiva es un cretino de lo más desagradable y un bocazas realmente insufrible.

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Pero aunque el humor de trazo grueso tenga bastante presencia y la ambientación de la película posea un aspecto tan sucio como la lengua del protagonista, también hay espacio (y mucho) para el verdadero ingenio entre tanta broma sobre tetas, culos y pollas. Los chistes más finos y atinados (y los que más carcajadas producen) son los que tienen como objetivo otras películas, personajes y franquicias del género e innumerables referencias de la cultura popular que abarcan desde la música al cine, pasando por celebridades, actores de Hollywood (incluido el propio Reynolds), sin olvidar las rupturas de la cuarta pared en las que el personaje interactúa directamente con el espectador que, a pesar de ser constantes, consiguen pillarte desprevenido en la mayoría de ocasiones.

A pesar de no contar con una trama mínimamente construida y que a nivel de espectáculo pirotécnico se note la falta de presupuesto respecto a otras producciones similares, “Deadpool” es lo que más necesitaba un género bastante sobreexplotado en la actualidad, está tan pasada de rosca como los fans querían y es sumamente divertida desde el primer segundo a la escena post-créditos (quedáos hasta el final). Sin duda es la película que merecía el personaje, el traje no puede estar más logrado (incluido los cambios de expresión de los ojos) y sí, Negasonic Teenage Warhead probablemente es el nombre de superhéroe más molón de la historia. El mercenario bocazas ha llegado para quedarse y, como sus adorados Wham!, se ha ganado el signo de admiración por méritos propios.

“Deadpool” se estrena en cines en España el próximo 19 de Febrero.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

2 comentarios sobre “Crítica: “Deadpool”

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