«Quien esté libre de culpa…» por Oscar De La Cruz
«Money Monster» (el programa televisivo) corresponde a una fórmula que existe realmente en Estados Unidos, fruto de esa capacidad tan puramente yanqui de convertir en espectáculo incluso las aburridas e indescifrables páginas salmón de los periódicos. La otra cara de este tipo de shows entra de lleno en los mecanismos del capitalismo y actúa como cómplice del entramado económico, intentando atraer y hacer partícipe de él al ciudadano de a pie (más bien a su dinero) bajo un mensaje claro que apela a las más profundas raices del sueño americano: «Todos llevamos un broker dentro y cualquiera puede hacerse millonario sin esfuerzo». Esta premisa que en casos determinados se acerca peligrosamente al funcionamiento de una estafa piramidal es el punto de partida del film dirigido por Jodie Foster.
Ante todo, «Money Monster» es un thriller en tiempo real que pasa en un suspiro gracias a su intenso ritmo, cuyo gran mérito es resultar entretenido y tremendamente efectivo a pesar de lo previsible de su trama. Cumpliendo con creces esos mínimos exigidos a un producto de este tipo, la película crece a medida que rascas su corteza superficial gracias a un mensaje devastador y pesimista introducido sin estridencias, con maneras elegantes y cierto grado de resignación. Este sistema, este circo claramente injusto y muchas veces repulsivo en el que nos movemos es culpa de todos. Desde el que lo promueve hasta el que lo sufre, incluso el que se rebela contra él, todos somos piezas de un engranaje cuyo funcionamiento parece destinado a perdurar eternamente, bien por conveniencia o por pura apatía y es bastante estimulante ver como el film reparte culpas y leches a todos lados sin apenas despeinarse y sin intentar aleccionar.
En un caso equiparable al escándalo de las preferentes en nuestro país, la desesperación de un hombre actúa como detonante de un efecto dominó que poco a poco va dejando al aire las vergüenzas de la sociedad actual a nivel global. En primer lugar las de los medios de comunicación representados por todo el equipo encargado de sacar adelante el programa. Julia Roberts interpreta a Patty, una realizadora hastiada, atrapada y acomodada dentro de la «telebasura» que representa y dirije a su antojo el cretino presentador con ínfulas de grandeza interpretado por George Clooney. Estupendos y solventes como siempre, con el añadido de la fantástica química entre ambos y el factor de interpretar dos papeles en los que encajan como un guante, la irrupción del personaje interpretado por el también correctísimo Jack O’Connell supone un vuelco dentro del propio programa y de la manera en que ambos afrontan su labor. Forzados por los acontecimientos, en Patty renace el espíritu aletargado de periodista de raza que termina aprovechando para hacer el programa que siempre ha deseado hacer mientras una pistola en la cabeza se convierte en el perfecto elemento motivador para que el personaje de Clooney haga periodismo auténtico por primera vez en su vida. Hilando muy fino, quien sabe si el personaje de Roberts es una representación de la propia Foster intentando reivindicar su vocación de autora dentro de un producto de entretenimiento ajustado a los patrones del blockbuster made in Hollywood.
La banca que vende la idea de estabilidad en algo tan volátil e impredecible como los mercados bursátiles, la montaña de mentiras utilizadas para tapar sus monumentales cagadas, la naturalidad con la que una sociedad anestesiada asimila cada nuevo caso… nadie sale indemne. Incluso la imagen de indignada víctima del sistema que se levanta en armas reivindicando la verdad es progresivamente desmontada y reducida a la de «tonto útil» tan culpable como los demás. Esto queda de manifiesto en dos momentos puntuales que son de lo mejor del film: la magnífica escena en la que su novia entra en directo en el programa y el elocuente discurso en el que el presunto villano de la función expone ante la audiencia una incómoda verdad del tamaño del universo.
Para muchos quedará como un thriller entretenido pero el que quiera buscar un poquito más dentro de «Money Monster», acabará encontrándose con un «Esto es lo que hay» bastante contudente y poco esperanzador. Desgraciadamente siempre existirán los cantos de sirena sobre inversiones sin ningún tipo de riesgo, el pobre ignorante avaricioso que se lo termina creyendo y el que tratará de aprovecharse de ello. Da igual cuantos casos veamos porque una vez finalizado el morbo desviaremos nuestra anestesiada vista del televisor y continuaremos en la misma senda. A lo mejor algún día acabamos espabilando.
«Money Monster» se estrena en España el 6 de Julio.




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