Crítica: “Baby Driver”


Todas las canciones hablaban de él

Trás su celebrada “trilogía del Cornetto”, el realizador británico Edgar Wright consuma su esperado salto a Hollywood. Un salto que llega con algo de retraso después de la agridulce experiencia con “Ant-Man” y su prematura salida del proyecto. Aunque se nos privara de su particular estilo visual basado en un prodigioso sentido del ritmo y del uso del montaje, la superproducción de Marvel terminó apropiándose de muchas de sus ideas a nivel de guión y sobre todo en lo referente a la dinámica entre personajes, algo que podía intuirse siguiendo su progresión a través del tríptico compuesto por “Zombies Party”, “Arma Fatal” y “Bienvenidos al Fin del Mundo” y queda refrendado de manera más evidente en “Baby Driver”.

El debut americano de Wright es ante todo eso. Muy americano. Desde su propia concepción al género en el que se circunscribe, pasando por la extensa lista de referentes de los que se nutre, “Baby Driver” abraza el thriller de atracos y persecuciones al más puro estilo hollywoodiense con todas sus consecuencias, hasta el punto de parecer un exhaustivo estudio de dicho subgénero capaz de abarcar todas las influencias posibles, desde la más clásica hasta la más moderna. Esto ya de por si tiene un mérito extraordinario pero donde quizá resida su mayor triunfo es en lograr mantener una entidad y estilo propios mientras bebe de fuentes tan variopintas como “Driver”, “Bullit”, “Heat”, “Drive” o “Amor a Quemarropa”.

Precisamente la influencia de Tarantino (que figure en la lista de agradecimientos al final de los créditos no es nada casual) es probablemente la más clara y evidente para Wright a la hora de guionizar su incursión en el ambiente criminal, dibujar a sus personajes y hacerlos interactuar. Baby y Débora tienen bastantes puntos en común con Clarence y Alabama, abundan las conversaciones de restaurante y los estupendos diálogos repletos de referencias musicales y cinéfilas y tanto la violencia como el humor afloran en el momento más inesperado.

Todo esto funciona a las mil maravillas en manos de un reparto en absoluto estado de gracia, desde el elenco principal a la cuidadísima elección de secundarios. Que decir a estas alturas de Kevin Spacey, capaz de encarnar a un cabrón sin escrúpulos con un toque paternalista de manera imperial y con el mínimo esfuerzo o del magnetismo, carisma y presencia de un Jon Hamm en las antípodas de Don Draper. Los jóvenes Ansel Elgort y Lily James también brillan a la hora de aportar frescura, inocencia y puro encanto pero quien realmente se come la película a bocados es Jamie Foxx.

Una sorpresa relativa pero de lo más agradable es contemplar su interpretación más potente en mucho tiempo y comprobar que sigue siendo un actor bestial cuando tiene entre manos un buen material con el que trabajar. Intimidante y por momentos realmente aterrador, su Bats es un auténtico peligro con patas y el agente desestabilizador que dinamita por completo la trama y hace avanzar la película a un nuevo nivel. Realmente imponente dentro de un reparto coral que incluye a los anteriormente mencionados, a la ciudad de Atlanta (que escenario tan bien aprovechado a todos los niveles) y a la auténtica protagonista: La música.

La gran seña de identidad de “Baby Driver” es la utilización de la música como epicentro y alma, no solo de la historia sino de la propia narrativa cinematográfica. Aquí la música no está al servicio de las imágenes. Todo lo contrario. Los frenazos, los choques y los disparos se convierten en notas musicales dentro de una coreografía del caos condenadamente estimulante, frenética y ejemplarmente orquestada a través de una soberbia labor conjunta de dirección y montaje.

Música para narrar, para dinamizar hasta el extremo y como elemento definitorio del protagonista. Una banda sonora personal tan necesaria como el aire que respira, imprescindible para enmascarar tanto el dolor físico como la realidad en la que está inmerso en la que la violencia, la pura maldad y la muerte se van abriendo de manera progresiva e implacable.

Puede que por momentos pierda algo de fuelle trás la maravillosa persecución inicial y el magnífico plano secuencia posterior y que también se exceda en momentos puntuales en el caos y el frenesí en el que se instala su tercio final pero sin ser perfecta, Wright ha logrado servirnos la gran película de acción del año hasta el momento a la espera de lo que nos pueda ofrecer Matthew Vaughn en el regreso de sus “Kingsman”. Con toda seguridad el tiempo la convertirá en un clásico de culto dentro del género.

“Baby Driver” se estrena en España el próximo 7 de Julio.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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3 comentarios sobre “Crítica: “Baby Driver”

  1. Excelente crítica y de acuerdo contigo. La música es casi el hilo argumental de la película y el sonido es increíble. Me lo he pasado genial viéndola y el rato en el cine se me pasó muy rápido. Me parece una película muy refrescante y con algo nuevo.
    He escrito mi opinión en mi blog:
    https://sofamantaypeliblog.wordpress.com/2017/07/25/baby-driver-esta-pelicula-tiene-algo-distinto/
    Por si te apetece pasarte:) Saludos

    Le gusta a 1 persona

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