Crítica: “Death Note”


American Shinigami

La esperada adaptación norteamericana de una de las obras más influyentes del manga y el anime de los últimos tiempos llega por fin a las pantallas y su estreno sin duda se convertirá en el pistoletazo de salida para múltiples e interesantísimos debates.

“Death Note” (el manga) relata la historia de Light Yagami, un brillante estudiante japonés que encuentra por azar un cuaderno mágico capaz de producir la muerte de la persona cuyo nombre se escriba en sus páginas y rápidamente se convirtió en un fenómeno cultural en Japón y buena parte del mundo gracias a su original manera de abordar la clásica y fascinante premisa del ser humano jugando a ser Dios. Las turbias connotaciones morales que encierra un punto de partida argumental de este tipo no tardaron en generar todo tipo de polémicas, gracias a la masiva fascinación del público adolescente ante una obra que toca temas decididamente adultos y complejos. El impacto fue tal que muchas autoridades escolares de diversas ciudades chinas llegaron a prohibir la obra ante la inquietante proliferación de estudiantes descubiertos con cuadernos de estética similar al aparecido en el manga en el que anotaban nombres de profesores y compañeros de estudios. La truculenta costumbre se detectó también en distintos institutos estadounidenses e incluso una inscripción con la frase “Yo soy Kira” escrita en japonés (en referencia al nombre bajo el que oculta sus asesinatos el protagonista) apareció junto al cadaver de un hombre en Bélgica en el año 2007.

Trás el manga de 12 volúmenes, su posterior adaptación a una serie anime de 37 episodios, adaptaciones cinematográficas, videojuegos y un buen número de obras paralelas ambientadas en su universo, la adaptación en forma de largometraje producida en Estados Unidos llega rodeada de las polémicas y dudas propias de toda obra capaz de transcender más allá de su formato y convertirse en fenómeno cultural.

En primer lugar, “Death Note” puede enorgullecerse de esquivar la frase “Netflix solo rueda telefilms” con la que suele atacarse de manera sistemática a las películas producidas por la plataforma de streaming, hasta el momento caracterizadas por contar con presupuestos modestos y un aire inequívocamente “indie”. Sin ser una superproducción millonaria, el film de Adam Wingard podría haberse estrenado en salas de manera tradicional dentro del circuito más puramente comercial sin ningún tipo de problema gracias a sus impecables valores cinematográficos y de producción. De hecho el film es un proyecto que Warner Bros. decide abandonar justo antes de comenzar la producción y solo la pasión e insistencia de Wingard por convertir el film en realidad consigue que el estudio le permitiera buscar otra productora. Netflix sería quien acabara haciéndose con los derechos, seguramente influenciada por el gran número de espectadores de la serie animada a través de su plataforma. Como curiosidad, entre los productores de la película se encuentra Masi Oka (Hiro Nakamura en “Heroes”) que aparece también en la película en un breve papel.

Más allá de elección de actores, cambios de etnia o enfoque de la historia, el “Death Note” de Netflix está predestinado a recibir palos por parte de todo aquel que espere una adaptación medianamente fiel. Tomo como base la serie de animación (no he leido el manga) para la comparación y no me queda más remedio que reafirmarme en mi teoría de que dicha fidelidad es completamente imposible ya que, aunque ambos pertenezcan al medio audiovisual, el lenguaje narrativo del anime y el del cine norteamericano de entretenimiento son radicalmente diferentes.

El primer handicap al que se enfrenta el film es de lo más inevitable y obvio: la duración. No se puede condensar 18 horas de anime en hora y media de película sin prescindir de subtramas, personajes y sin evitar la sensación de que los acontecimientos ocurren a toda pastilla. Esto afecta principalmente al duelo intelectual entre Light y L, nucleo central de la serie que en la película no cuenta con tiempo material para desarrollarse en condiciones y pasa en un suspiro. Sencillamente porque es una peli americana y al desarrollo de la trama hay que añadirle las obligadas dosis de acción, romance, persecuciones y un espectacular clímax final que haría las delicias de Álex de la Iglesia.

Lenguajes e instrumentos narrativos diferentes. La serie animada es prácticamente viñetas de cómic con voz y movimiento en la que la historia avanza casi únicamente a base de diálogos, entre personajes e internos que nos introducen en los pensamientos de los protagonistas. Algo completamente opuesto a lo que supone una producción cinematográfica made in Hollywood. Después todo queda a la elección del espectador y con que tipo de narrativa esté más familiarizado o se sienta más cercano, ya que ambas cuentan con sus pros y sus contras. Quien no sea demasiado asiduo al manga encontrará la serie excesivamente discursiva frente a la ligereza de la película pero sin duda las mayores diferencias entre ambas están representadas en el tratamiento de los personajes.

Partiendo de una base en que ambas adaptaciones pecan de tratar con bastante frivolidad el conflicto moral que supone tener el poder de arrebatar vidas humanas, la película se las ingenia para dar a los personajes un transfondo y unas motivaciones más “cercanas” para el espectador occidental. Light Yagami es un adolescente de inteligencia superdotada, estudiante modélico y aburrido, hastiado y asqueado del mundo que le rodea, lo que le ha ido convirtiendo en una persona solitaria y completamente encerrada en sí misma. Cuando cae en sus manos el cuaderno de la muerte y es consciente de su funcionamiento no tarda ni dos segundos en autoproclamarse Dios de un nuevo mundo que el mismo diseñará. Por el contrario, Light Turner es un estudiante norteamericano con una inteligencia ligeramente superior a la media, algo aislado y un poco “nerd”, en plena edad del pavo y con tendencia a pensar con la bragueta, cuya utilización de su recién adquirido don viene justificado por el traumático asesinato de su madre, algo a priori más creíble y cercano a la realidad que un psicópata de manual con tendencia a la megalomanía.

El caso de L es parecido. La adaptación americana se esfuerza en homenajear a este moderno Sherlock Holmes copiando sus excentricidades (su manera de moverse, sentarse, interactuar con los objetos, el imsomnio o su adicción al dulce) y a la vez lo humaniza dotándolo de un origen y retratándolo como un niño grande sobreprotegido y aislado en una burbuja como herramienta de control de sus habilidades. Para dicha humanización es decisiva la reinterpretación de Watabi, al que la película otorga un papel mucho más activo convirtiéndolo en una figura paternal para L y el detonante para que este demuestre sentimientos a diferencia del personaje de la serie, cuyo retrato no va mucho más allá de su casi robótica actitud y su sobrehumana inteligencia.

El tercer gran personaje en discordia es Ryuk, el shinigami que gracias al siempre fantástico trabajo vocal de Willem Dafoe y la decisión de mostrarle siempre en penumbra otorga un toque mucho más imponente y terrórífico que la mascota adicta a las manzanas en la que se acaba convirtiendo durante el anime (ojo a la puyita que lanza la película en forma de anotación en el cuaderno al respecto). Esto es bastante relevante ya que durante toda la película sobrevuela la percepción del demonio de la muerte como artífice e instigador de los acontecimientos, más que la de simple espectador. Una actitud mucho más activa, manipuladora  y retorcida como demuestra la escena de la primera muerte causada por el cuaderno.

Sin entrar en comparaciones, todo aquel que acerque a la película sin haber tenido contacto previo con la obra original se encontrará con un entretenimiento made in Hollywood más que aceptable, de ritmo frenético y que juega a las mil maravillas con las reglas de su mitología, incluido un giro final de lo más ingenioso. Un film que muestra sin tapujos las señas de identidad de su director, un cineasta empeñado en retomar las fórmulas del cine comercial de los años 80 como ya demostró en las notables “Tú eres el Siguiente” y “The Guest” y que en esta ocasión vuelve a hacerlo con una ecléctica mezcla de géneros que van desde las pelis de instituto americanas hasta el policiaco, con toques añadidos de terror y slasher de lo más estilizado y resultón. Todo ello aderezado con la estupenda banda sonora de los hermanos Atticus y Leopold Ross y la selección de temas musicales, encargados de subrayar el tono ochentero del producto final.

¿”Death Note” original o remake yanqui? La respuesta irá según gustos y preferencias pero con una mentalidad abierta, ambas obras pueden resultar igual de originales y disfrutables. Con sus virtudes y sus defectos.

“Death Note” estará disponible en Netflix a partir del próximo 25 de Agosto”

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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