Crítica: “Star Wars: Los Últimos Jedi”


La democratización de la Fuerza.

Enfrentarse al análisis de cada nueva entrega de la saga cinematográfica que inventó el propio concepto tal y como lo conocemos hoy en día suele ser una labor compleja que va más allá del habitual comentario o reseña. “Star Wars” ha sido y es tantas cosas que necesita inevitablemente diversos enfoques y prismas desde donde observarla, mucho más teniendo una edad en la que el viaje se ha vivido desde el principio.

De esta manera entra en juego la observación del film desde la óptica puramente cinematográfica, la inevitable comparativa con entregas previas inherente a su estructura episódica, sus mecanismos como producto empresarial más allá de la industria del entretenimiento o los aspectos más puramente pasionales para el fan o todo aquel que ha convivido con la historia a lo largo de su vida. No es de extrañar que ante tantos puntos de vista las críticas y opiniones sean tan polarizadas y que pocas horas después de su estreno cueste construirse una imagen mental de lo que realmente significa este octavo episodio para el conjunto de la saga, algo de lo que ya se encargará la perspectiva que otorga el paso del tiempo.

En primer lugar y como no puede ser de otra manera, “Los Últimos Jedi” es ante todo un espectáculo abrumador que funciona de manera radicalmente opuesta a como lo hacía “El Despertar de la Fuerza” si nos atenemos exclusivamente a las sensaciones y a la primera impresión. Hay que decir que la llegada de Rian Johnson a la franquicia es una estupenda noticia. Su manejo de la cámara y las ideas visuales que propone superan de manera amplia lo visto en su inmediata predecesora y encajan de manera sensacional dentro del espíritu de la saga. Es más grande, más compleja y menos ligera, pero a pesar de contar con muchos elementos a su favor no consigue lograr el nivel de impacto emocional que posee el film dirigido por Abrams. Resumiendo a grandes rasgos, la euforia y emoción con la que salías de la sala después de ver “El Despertar de la Fuerza” tapaba por completo unos defectos que poco a poco se hacían evidentes trás digerir la experiencia, mientras que con “Los Últimos Jedi” resulta necesario dejarla reposar y asimilarla por completo para descubrir los múltiples aciertos y su riesgo a la hora de propoponer ideas innovadoras que quedan algo sepultados tras el poso de frialdad que deja cuando las luces se encienden.

Esa potente conexión emocional consiguió que el fan mayoritariamente comprara la propuesta y diera por bueno el extremado conservadurismo de “El Despertar”, pero Disney sabía que nadie iba a aceptar otro remake encubierto y ha afrontado la cuestión con bastante inteligencia. En cuestiones argumentales plantea un juego de espejos con “El Imperio Contraataca”, partiendo de escenarios y premisas prácticamente calcadas para darles un giro total y resolverlas de manera sorprendente y bastante imprevisible. Su estructura argumental aglutina a su enorme elenco de personajes en dos tramas principales paralelas que avanzan a buen ritmo y se van entrelazando de manera hábil y natural, a las que se añade una subtrama que a priori resulta bastante prescindible e innecesaria y que solo se salva por (al igual que las dos tramas principales) introducir un concepto bastante interesante e innovador dentro de la saga. Precisamente en el riesgo de plantear nuevos caminos y explorar nuevos horizontes (capaces incluso de derribar conceptos muy arraigados dentro de su propia mitología) es donde residen las mayores virtudes de la película o su mayor defecto dependiendo de lo purista que sea el espectador. La introducción de los auténticos promotores de las guerras en la sombra y la inclusión del pueblo llano en los designios de la Fuerza son conceptos nuevos, frescos y muy interesantes que nunca se habían tocado a pesar de tratarse de una historia marcada por un conflicto bélico. Sí, “Los Últimos Jedi” es bastante rupturista y transgresora aunque la acción, el espectáculo visual y los muñecos que pretende vender no dejen verlo con demasiada claridad.

La lástima es que, como digo, todas esas virtudes broten un par de días después de ver la película y no estén rematadas por detalles que resultan importantes y que en “El Despertar de la Fuerza” funcionaban como un reloj. Aquí el humor no está tan bien encajado y a veces incluso se carga momentos de enorme épica. Una épica que queda un pelín por debajo del impacto emocional esperado, de la misma manera que los momentos emotivos, que a pesar de su gigantesco potencial se resuelven de manera algo fría.

Más allá de interpretaciones y sensaciones personales “Los Últimos Jedi” es un espectáculo de acción majestuoso, visualmente portentoso que entretiene y no agota a pesar de sus dos horas y media de metraje. El regreso del mítico Luke Skywalker cumple con creces las expectativas gracias al tratamiento del personaje y a un maravilloso Mark Hamill y la evolución de los nuevos personajes es coherente, perfectamente estudiada y por momentos muy sorprendente, ayudando a la intención de la película en convertirse en un verdadero punto de inflexión y ruptura dentro de la nueva trilogía. Si J.J. Abrams recupera esa deliciosa conexión emocional que se ha debilitado ligeramente y aprovecha bien las nuevas sendas argumentales marcadas por Johnson, podemos asistir dentro de dos años a un magnífico colofón y a uno de los episodios más memorables de toda la franquicia. A los “Los Últimos Jedi” le ha faltado poquito para conseguirlo.

“Star Wars: Los Últimos Jedi” se estrena en España el 15 de Diciembre.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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