Review: “Juego de Tronos” Temporada 6 – Episodio 3


“Oathbreaker”

Si de repente llegara un marciano a la tierra y hubiese que explicarle de manera rápida de que va “Juego de Tronos”, el concepto de la serie podría resumirse a grandes rasgos como el resurgir de los poderes mágicos para devolver el equilibrio a un mundo mancillado por la mano del hombre. Dicho resurgir de estas fuerzas sobrenaturales parece tener un carácter cíclico, donde se alternan periodos de paz y prosperidad (simbolizados por el verano) con la sempiterna amenaza de la llegada de un largo invierno (“Winter is Coming”) en los periodos en los que la propia naturaleza del ser humano y sus más bajas pasiones transforman al vasto mundo creado por George R. R. Martin en un lugar gobernado por la muerte y la destrucción.

Dos grandes conflictos bélicos, ambos de origen absurdo, caprichoso y arbitrario, son la gota que colma el vaso, el detonante que precipita la llegada del metafórico invierno para el hombre representado en el resurgir de los Caminantes Blancos, algo así como un mecanismo de defensa del propio mundo destinado a purgar la presencia del virus que lo está consumiendo lentamente. Frente a esta amenaza o ajenos a ella se desenvuelve progresivamente el pulso entre los hombres mediante diversas armas como la política, la religión o nuevos poderes mágicos (cambiapieles, dragones, hechiceros, clarividentes) que también resurgen de las sombras para equilibrar la balanza. Hombres justos contra hombres sedientos de poder. El bien contra el mal. El fuego contra el hielo.

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Por suerte la grandeza de “Juego de Tronos” reside en un tejido narrativo de tal complejidad que termina generándonos un monumental conflicto interno como espectadores y que nos hace convivir con dos visiones radicalmente opuestas. El auténtico juego es con nuestras mentes, es constante y pocas veces visto en una obra de ficción y el episodio de esta semana es uno más de sus múltiples ejemplos.

Desde el principio de la serie hemos sido testigos de la Guerra de los Cinco Reyes, un monumental conflicto bélico cuyo origen no conviene olvidar que es el descubrimiento por parte de un niño de la incestuosa relación de una reina con su hermano. Un cúmulo de situaciones y decisiones casuales que crece como una bola de nieve hasta convertirse en una oleada de muerte y destrucción que acaba asolando Poniente. El regreso de Bran a la serie y su adiestramiento por parte del Cuervo de Tres Ojos para el control de sus poderes de clarividencia se han convertido en un fantástico recurso narrativo para mostrarnos a modo de flashback los pormenores y el desarrollo del anterior gran conflicto bélico de los Siete Reinos y que solo conocíamos de oidas: La rebelión de Robert Baratheon y su ascensión al Trono de Hierro.

El castillo de Zafra en Guadalajara, convertido para la ocasión en la Torre de la Alegría, es el escenario donde se desarrolla la escena más relevante de “Oathbreaker”. En ella nos convertimos gracias al poder de Bran en testigos directos de la llegada de un joven Ned Stark y un reducido grupo de aliados entre los que se encuentra Howland Reed, padre de Meera y Jojen (acompañantes de Bran en su viaje) a la fortaleza donde el Rey Loco Rhaegar Targaryen retiene, presúntamente contra su voluntad, a Lyanna Stark, hermana de Ned y objetivo amoroso de Robert Baratheon. La fortaleza está custodiada por un grupo de guardias reales, entre ellos el mítico espadachín Ser Arthur Dayne, conocido como la Espada del Alba. Aunque el final de la escena nos es convenientemente escamoteado para más adelante, todo hace indicar que en breve se confirmará algo con lo que los fans de la serie y las novelas llevan especulando desde el principio: En lo alto de la Torre de la Alegría, Ned Stark se encontrará a Lyanna dando a luz al fruto de su relación con Rhaegar y, en su lecho de muerte trás no superar el parto, hará prometer a su hermano que hará lo posible para proteger al recién nacido. De esta manera se constataría que por las venas de Jon Nieve, el bastardo con el que Ned Stark regresa de la guerra, corre sangre Stark y Targaryen a partes iguales y es junto a Daenerys el último vestigio vivo de la dinastía de la casa de los Dragones. Solo faltaría por saber si en realidad Lyanna fue raptada y violada por Rhaegar o Jon es el fruto del amor verdadero entre el Rey Loco y la bella Stark, lo que convertiría a la rebelión de Robert en un simple asunto de celos con el fin de la dinastía Targaryen, la usurpación del trono y miles de muertes como consecuencia.

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Por estos motivos hay dos maneras diferentes de mirar esta serie. Si atendemos a las convenciones del género y limitamos la visión a una lucha entre el bien y el mal con el factor del destino por medio, la historia estaría abocada a terminar con Jon y Daenerys en el Trono de Hierro, uniendo a todos los pueblos de Poniente que lucharán juntos contra la gran amenaza común (los Caminantes Blancos) y devolverán la paz, la justicia y la prosperidad a los Siete Reinos, pondrán fin al invierno de los hombres y todos comerán perdices y serán felices para siempre. Ese es el inevitable esquema mental que todo espectador de la serie se plantea si deja de lado el profundo cinismo del creador de esta historia. La actitud de Martin hacia sus personajes y el ser humano en general es el gran aspecto diferenciador de “Juego de Tronos” por lo que no sería nada extraño que al final todo quedara completamente dinamitado y el final de la historia diste bastante del idílico desenlace que todos tenemos en mente en mayor o menor medida.

Con Martin nunca se sabe y el guión de la serie se encarga de recordarlo continuamente. Jon Nieve regresa de la muerte gracias a la magia, porque es el elegido y aun no ha alcanzado su destino, sin embargo cuando Melisandre le pregunta que hay al otro lado la respuesta es seca y contundente: “Nada”. Eso es “Juego de Tronos” en su máxima expresión. Una de cal y otra de arena. Un momento mágico y épico roto por una bofetada de pura realidad. El relato de espada y brujería transformado de repente en una fábula profundamente humanista.

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La otra gran seña de identidad de la serie y que juega continuamente con nuestra percepción es la extraordinaria complejidad de los personajes. Muchas veces se hace difícil colgar la etiqueta de “bueno” o “malo” a muchos de ellos, dependiendo del momento por el que atraviesen. Los hay de todos los colores. Intrínsecamente despreciables como Ramsay, al que el destino o el azar parace recompensarle con una posición cada vez mejor cuanto más cabrón es. Hay gobernantes sabios, justos e inteligentes como Varys o Tyrion que intentan restablecer el equilibrio a base de cordura, instrumentos de los poderes sobrenaturales como Arya, que parece que por fin ha terminado su adiestramiento, o Bran, que acaba de comenzarlo y los hay más ambiguos y llenos de claroscuros, que a la postre son siempre los más fascinantes.

Dentro de este último grupo, la gran revelación del episodio es el Gorrión Supremo, que en otra magnífica escena convence al Rey Tommen con un devastador discurso cargado de coherencia sobre su papel en el reino. Como Septón Supremo y desde su profundo fanatismo religioso ha hecho y va a hacer todo lo posible para proporcionar a los ciudadanos unos gobernantes “puros” y completamente libres de pecados, un objetivo tan noble como puede ser el de Varys o Tyrion.

El juramento roto al que hace mención el título del episodio es el de un Jon profundamente decepcionado consigo mismo por no haber sabido liderar a sus hermanos y haber permitido semejante traición. El truco de guión que ha implicado su muerte y resurrección al menos parece que servirá como punto de inflexión en un personaje algo estancado ante el que se abren ahora un sinfín de posibilidades. “Oathbreaker” también recupera a Samwell y su travesía hacia la Ciudadela, a unos Lannister cada vez más solos en la capital de reino y a Daenerys abocada a un retiro junto al resto de Khaleesis, a la espera de que Ser Jorah y Daario lleguen para rescatar su trama del más absoluto aburrimiento.

Grandes momentos del episodio:

  • “Mi guardia ha terminado”. Jon entona un “Ahí os quedáis” y deja el marrón de liderar a la Guardia de la Noche a Edd el Penas.
  • La serenidad, elegancia y coherencia consigo mismo con la que Ser Alliser Thorne acepta su destino.
  • Tyrion encontrando poca colaboración para intentar matar el rato mediante juegos de borrachos.

Puedes seguir “Juego de Tronos” Temporada 6 en Canal + Series y Yomvi.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz

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