Crítica: “Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina”


“Lo que nos hace humanos”

Encumbrada a los altares como una de las obras magnas del cyberpunk, “Ghost in the Shell” vendría a ser el equivalente a “Blade Runner” dentro del ámbito del Manga y el Anime y tan influyente como la inmortal obra de Ridley Scott sobre posteriores obras del género de ciencia ficción como “Matrix” y otras muchas.

Puede que su adaptación a imagen real llegue algo tarde y que dicho retraso beneficie tanto al resultado final en el plano visual como perjudica a la fuerza de su mensaje, no obstante estamos hablando de una obra extremadamente visionaria y pionera que ya manejaba con inquietante precisión conceptos como un mundo interconectado por redes informáticas a finales de los años 90, cuando muchos de nosotros no habíamos escuchado siquiera la palabra Internet.

Tomando como base el film animado de 1995 (no he leido el manga ni he visto la serie), “Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina” es una estupenda película de ciencia ficción y un remake sólido e inteligente, muy por encima de la media. Adaptándose al manual de la mayoría de “americanizaciones”, su fondo está convenientemente reinventado y simplificado en favor de la acción y el espectáculo, un hecho al que sin duda se aferrará todo fan adorador de la obra original para renegar del film de Rupert Sanders. Sin embargo, para aquel al que, como servidor, no le terminen de convencer los excesos reflexivos y discursivos de la obra original (y del Manga en general) que dan un barniz excesivamente pretencioso a su mensaje, encontrarán dicha simplificación y novedad en la cuestión de fondo de lo más adecuado.

La nueva versión es extremadamente respetuosa en el apartado visual, apropiándose de absolutamente todas las soluciones visuales y la imaginería tecnológica característica de la obra de Shirow e integrándolos a su manera en una trama policiaca bastante menos enrevesada, que prescinde casi por completo del elemento político otorgando el papel de villano a una única gran corporación y que acontece esta vez en una megalópolis sin nombre con población y arquitectura multicultural para dotar de una mayor globalidad a la producción.

Esa misma simplificación que suele matar a muchos remakes convirtiéndolos en fotocopias vacías de su predecesora, funciona a las mil maravillas en esta ocasión aligerando el ritmo narrativo sin restar un ápice de profundidad y reflexión. En lugar de robots tan perfectos que empiezan a desarrollar bajo su carcasa algo parecido al alma, la nueva versión parte directamente de un cerebro humano implantado en un cuerpo biónico, lo que genera un conflicto existencial y filosófico sensiblemente diferente a la hora de ahondar en la misma pregunta de base: ¿Qué es lo que nos hace humanos?

Su temática no es en absoluto novedosa dentro del género pero, sentadas las nuevas bases y sin olvidarse de su vocación de entretenimiento de acción futurista, la película alcanza altas cotas a nivel emocional gracias a su habilidad para incorporar el factor humano a la historia. Un diseño de producción que fascina e impresiona sin apabullar, además de una elegantísima dirección en las escenas de acción complementan sin sepultar en ningún momento a unos personajes cargados de humanidad, sólida base en la que acertadamente se sustenta el film.

A pesar de interpretar a un androide, Scarlett Johansson sorprende exhibiendo una de sus actuaciones más abundantes en matices de su reciente filmografía ante el desafío que supone un personaje de lo más poliédrico. La actriz brilla tanto a la hora de irradiar su ya legendaria sensualidad como cuando tiene que mostrarse como un arma implacable y resulta igualmente convincente a la hora de transmitir soledad, vulnerabilidad o una curiosidad y fascinación puramente infantil (fantástica la escena con la prostituta). Al igual que el “fantasma” que habita en su imponente carcasa, Mayor se convierte en el nucleo espiritual y emocional de la trama, complementado a la perfección por los estupendos secundarios que orbitan a su alrededor.

Además del ser el escuadrón policial de élite encargado de los trabajos más comprometidos, la Sección 9 ejerce como nucleo familiar de la protagonista, en especial Batou, que cumple el rol de best friend/hermano mayor/confidente/camarada/protector y Aramaki, el impertérrito jefe de actitud paternalista que interpreta casi más a modo de cameo estelar Takeshi Kitano. La figura materna queda en manos de la gran Juliette Binoche, cuyo gigantesco talento y presencia resplandece en cualquier género al que se acerque y acaba desarrollando junto a Johansson la relación más interesante y rica en detalles de la película. Michael Pitt, que aporta gracias a su físico y caracterización un toque de androginia a su personaje que también podría considerarse un homenaje, también tiene tiempo y la cancha que le da el nuevo rumbo argumental para construir a un Kuze convertido esta vez en un villano trágico, aunque tan imponente y amenazante como el original.

No lo reinventará ni se codeará con las grandes obras maestras del género pero “Ghost in The Shell: El Alma de la Máquina” cumplirá la mayoría de espectativas para todo aquel que busque un entretenimiento inteligente y ciencia ficción con sustancia. Deja buen sabor y ganas de regresar a su universo en futuras secuelas. Como siempre, la taquilla decidirá.

“Ghost in the Shell: “El Alma de la Máquina” se estrena en España el 31 de Marzo.

@reyesdelmando Los Reyes del Mando
@Oscar_DLC Oscar De La Cruz
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2 comentarios sobre “Crítica: “Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina”

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